EE.UU. ha iniciado una investigación formal sobre una desconcertante serie de desapariciones y muertes repentinas recientes de sus científicos de élite.
Casi una docena de científicos prominentes vinculados a investigaciones avanzadas militares, aeroespaciales y gubernamentales de Estados Unidos, han aparecido muertos en circunstancias sospechosas o simplemente han desaparecido sin dejar rastro en los últimos tres años.
Según informes, eran figuras clave vinculadas a información clasificada de suma importancia, incluyendo sistemas de armas avanzados, tecnología de defensa de última generación, contramedidas contra armas biológicas, avances cuánticos y otros programas secretos.
El jueves, el presidente Donald Trump se refirió al posible patrón, describiendo los sucesos como “asuntos bastante serios”. “Espero que sea algo aleatorio, pero lo sabremos en la próxima semana y media”, añadió.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que la administración está buscando respuestas y señaló que la situación es “definitivamente algo que creo que este gobierno y esta administración considerarían digno de investigar”.
🚨 NOW: Mass calls for investigations are ramping up after nearly a DOZEN of America’s top scientists either died or disappeared with few answers
The scientists happen to be tied to «critical secrets.»
«This has the hallmarks of a FOREIGN OPERATION.»
This is insane. 🤯
«These… pic.twitter.com/rygr0QmDZ3
— Eric Daugherty (@EricLDaugh) April 16, 2026
Cinco de los diez científicos desaparecieron sin dejar rastro, a menudo en circunstancias repentinas y dejando atrás objetos personales esenciales.
Entre los casos más sonados se encuentra el del mayor general retirado de la Fuerza Aérea, William “Neil” McCasland, de 68 años, quien desapareció de su casa en Albuquerque el 27 de febrero de 2026.
Según informes de los medios estadounidenses, McCasland, quien anteriormente supervisaba programas de investigación altamente clasificados, dejó su teléfono en casa, aunque le faltaban la cartera y un revólver calibre .38.
Las autoridades recalcaron que no había indicios de que estuviera desorientado, y un teniente de policía comentó: “Podría decirse que seguiría siendo la persona más inteligente de la sala”.
Otras desapariciones presentan similitudes. Monica Jacinto Reza, de 60 años, directora del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la agencia espacial estadounidense (NASA, por su acrónimo en inglés), desapareció mientras hacía senderismo en un sendero muy transitado de California en junio de 2025. Su acompañante declaró a la policía que se distrajo solo unos instantes antes de que ella desapareciera.
Steven Garcia, de 48 años, contratista del gobierno vinculado al arsenal de armas nucleares de Estados Unidos, abandonó su casa en agosto de 2025, dejando atrás su teléfono, billetera, llaves y automóvil. De manera similar, Melissa Casias, de 53 años, y Anthony Chavez, de 78, ambos afiliados al Laboratorio Nacional de Los Alamos, desaparecieron en Nuevo México con pocas semanas de diferencia en 2025, dejando atrás objetos personales importantes y sus vehículos.
Si bien la mitad de los científicos siguen desaparecidos, otros han tenido muertes violentas o inexplicables. Dos destacados investigadores fueron asesinados en tiroteos.
Nuno Loureiro, de 47 años, físico de plasma del MIT de renombre internacional, fue asesinado en su casa de Massachusetts en diciembre de 2025.
Dos meses después, el renombrado astrónomo de Caltech, Carl Grillmair, de 67 años, fue asesinado a tiros frente a su casa en una zona rural de California. Las autoridades identificaron a los sospechosos de ambos homicidios, pero no han indicado que estas muertes estén relacionadas con sus investigaciones.
Otros casos involucran muertes repentinas e inexplicables. Jason Thomas, de 45 años, investigador farmacéutico, desapareció en diciembre de 2025 antes de que su cuerpo fuera recuperado de un lago de Massachusetts en marzo de 2026.
Además, dos investigadores veteranos del JPL de la NASA, Frank Maiwald, de 61 años, y Michael Hicks, de 59, fallecieron repentinamente en los últimos tres años sin que se hayan revelado públicamente las causas de su muerte.
La coincidencia en las fechas y las profesiones de las víctimas —muy concentradas en el ecosistema de investigación militar estadounidense, los laboratorios nacionales y los proyectos aeroespaciales avanzados— ha alimentado una intensa especulación.
