Siria: el alineamiento con Estados Unidos y la diplomacia con Israel no es una garantía

La Siria de Al Golani apostó por Washington y Tel Aviv para reconstruir el país, lograr un acuerdo y recuperar territorio. Sin embargo, luego de un año no hay acuerdo con Israel, que prefiere preservar la libertad de acción para continuar y ampliar su ocupación sobre territorio sirio.

El presidente sirio de facto Al Golani (Al Sharaa) aseguró en septiembre de 2025 que Siria estaba cerca de alcanzar un acuerdo de seguridad con Israel. A la fecha, no se ha firmado ningún pacto con la entidad sionista que continúa sin aceptar los límites territoriales que reclama Damasco.

Incluso, el gobierno sirio introdujo las demandas de Tel Aviv a la mesa de negociaciones, dispuesto a ceder a varias de sus demandas. Aún así, no fue suficiente para concretar las negociaciones.

Luego del ataque israelí a la base militar de Abu al Duhur el pasado mes de agosto, bajo la justificación de un despliegue de tropas turcas sobre territorio sirio, el ministro de Asuntos Exteriores de Siria, Al Shaibani, y el director del Mossad, Roman Gofman, se reunieron con mediación estadounidense para reducir las tensiones, pero no se produjo ningún acuerdo ni anuncio.

Este intento de negociación, puso de manifiesto los estrechos límites dentro de los que actúa Damasco y lo mínimo indispensable que necesita hacer Tel Aviv para satisfacer a Washington y al mismo tiempo continuar con la libertad de ocupación que le permite bombardear y modificar el mapa del territorio sirio con total impunidad.

Al mismo tiempo que Israel se expande, le marca a Türkiye los límites en Siria, induciendo al aumento de tensiones.

¿“Diplomacia” y “Acuerdo” con Israel?

Tras la reunión entre Al Shaibani y Gofman, las incursiones terrestres y los ataques israelíes continuaron. Ese mismo día, el ejército israelí allanó Al Rafid en Quneitra. Al día siguiente, entraron en Saida Al Jolan y registraron una granja, lo que demostró el escaso impacto que la vía diplomática tuvo en la situación sobre el terreno.

Un grupo de monitoreo sirio registró posteriormente 267 violaciones israelíes solo durante agosto y 1752 desde principios de 2026 hasta finales de ese mes.

Una fuente anónima proveniente del Ministerio de Asuntos Exteriores de Siria informó a The Cradle, una nueva dinámica que buscaba prevenir un enfrentamiento entre Ankara y Tel Aviv, y que consistía en que Damasco coordinaría los movimientos turcos dentro del país con Israel. Además, afirmó que la decisión política de Siria recae en Ankara, debido a la influencia turca, pero la decisión en materia de seguridad recae en Tel Aviv. Evidenciado la disputa turca-israelí.

Pero el contacto entre funcionarios de ambos países ya se había dado anteriormente. En agosto de 2025, Al Shaibani ya se había  reunido con el ministro israelí de Asuntos Estratégicos, Ron Dermer, en París, para hablar sobre el sur de Siria, la desescalada y los acuerdos de seguridad.

Sin embargo, Israel continúa accionando de acuerdo a un tipo de política regional que ya es habitual, donde busca extender el control de seguridad e imponer realidades políticas a los estados vecinos.

Conviene precisar que cualquier acuerdo vinculante podría restringir las operaciones israelíes en el sur de Siria, donde Damasco no ofreció una respuesta militar significativa. El ejército sionista ingresó en Deraa, Quneitra y la campiña de Damasco sin encontrar resistencia organizada por parte de las dispersas fuerzas gubernamentales.

Los medios sirios informaron el 4 de octubre que el ejército israelí reanudó excavaciones desde el norte hasta el sur de Quneitra, donde se observaron más de siete excavadoras israelíes, junto con otros vehículos pesados. Esto corresponde a un proyecto conocido como la Línea Sufa 53 que está transformando el terreno cerca de los Altos del Golán ocupados, afianzando la presencia militar de Israel, fortaleciendo su capacidad de negociación y ejerciendo presión sobre el gobierno sirio.

El proyecto ha avanzado con la remoción de minas, la construcción de carreteras y la excavación de trincheras, seguidas de la construcción de terraplenes, puestos de observación y posiciones militares. Muchos de los agricultores y las comunidades rurales se enfrentan a una creciente presencia militar en zonas donde las autoridades sirias tienen poca capacidad de intervención.

El objetivo israelí es debilitar y mantener su influencia sobre Siria, expandir su zona de seguridad y moldear el carácter del débil gobierno. Sobre todo porque el territorio sirio se está convirtiendo en un escenario de influencia y expansión militar turca.

Tutelaje externo

El gobierno de facto de Al Golani es un estado en reconstrucción, pero bajo tutela externa. A través de su alineación con Estados Unidos logró legitimidad en la comunidad internacional.

En tanto, Türkiye que respaldó la toma de poder de Al Golani, viene siendo su patrocinador militar. Acordó ayudar a la reconstrucción de las fuerzas armadas sirias, mediante entrenamiento de personal militar, aporte de equipamiento y logística necesaria para reconstruir y fortalecer un ejército nacional.

Israel, por su lado, le fija los límites militares a Siria, enviando un mensaje de clara disputa territorial a Ankara.

Es decir, Siria queda como bisagra de un choque entre un miembro de la OTAN y el principal aliado de Estados Unidos en la región.

La caída de Bashar Al Assad y la llegada de Al Golani al poder de Damasco, alineó al país con la política exterior de Washington que se expresó con la retirada de las tropas estadounidenses este año, luego de más de una década de presencia en territorio sirio.

Además, consecuentemente con la nueva situación siria, el Congreso de Estados Unidos derogó oficialmente la Ley César que fue aprobada en 2019 contra el gobierno de Bashar Al Assad y en agosto de este año retiró a Siria de la lista de patrocinadores del terrorismo.

Pese al giro que pegó Siria hacia Occidente, esto no le ha servido como garantía para sostener su territorialidad frente a Israel que avanza agresivamente, intentando modificar el mapa a su antojo.

Si bien es cierto, Al Golani brindó un discurso con “tintes soberanistas” en la Asamblea General de la ONU el mes pasado, su pasividad no solo se ha reflejado en el terreno, sino el pasado julio donde sentado junto a Donald Trump, no objetó cuando el presidente estadounidense reivindicó la anexión israelí del Golán.

Siria dejó de ser el eslabón del Eje de la Resistencia y pasó a ser terreno de disputa entre Ankara y Tel Aviv, con Moscú negociando su permanencia y Teherán fuera.

Julio de 2026: Donald Trump se reúne con el presidente sirio Ahmed Al Sharaa al margen de la cumbre de la OTAN en Ankara. Imagen:Saul Loeb/AFP

Frente interno

Con un intento de Estado hacia dentro, el gobierno de facto sirio busca recentralizar por la fuerza a kurdos, alauitas y drusos.

Uno de esos intentos es la Declaración Constitucional Siria firmada por el presidente de facto el 13 de marzo de 2025 que generó controversia y oposición a nivel nacional, por la centralización del poder en manos del presidente, socavando la gobernanza democrática, subordinando los poderes legislativos y judicial al ejecutivo, y excluyendo a grupos étnicos y religiosos clave.

Es así que el Al Golani puede designar un tercio de la Asamblea y elegir el comité que designa al resto. A su vez, el parlamento se instaló el 12 de julio de 2026 con facultades limitadas y sin que el gobierno necesite su voto de confianza.

En esa misma línea, el 19 de julio el presidente de facto sirio unificó el aparato de seguridad bajo el ministro del Interior Anas Khattab, también ex miembro de la estructura de HTS, que además encabeza la Oficina de Seguridad Nacional. Consiguiendo una concentración de poder que tiene como base el núcleo de Idlib, que durante casi una década funcionó bajo el control de HTS y el denominado Gobierno de Salvación Sirio.

Siria sigue profundamente dividida, con una serie de conflictos latentes entre las minorías y el poder de Damasco. Las tres minorías cuya situación actual merece una observación atenta en el contexto actual son los drusos, los alauitas y los kurdos.

Sobre los alauitas, el gobierno de Damasco desató una ola de violencia en marzo de 2025 dejando al menos 1400 muertos. Mientras en diciembre del mismo año, hubo protestas en Homs y Hama pidiendo federalismo y autodeterminación.

Los drusos, con una impronta separatista y opositores a las autoridades de Damasco, tienen como centro la gobernación de Suwayda que sigue fuera del control estatal desde julio de 2025. Según informes de la ONU, la persecución del gobierno central sirio sobre la comunidad drusa, dejó alrededor de 1700 muertos.  Asentados en la zona sur del país, se han convertido en la principal puerta de entrada para Israel, quien les ha brindado protección ante las persecuciones.

Respecto a la situación de los kurdos. El 25 de agosto Mazloum Abdi, comandante de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) anunció su disolución e integración al ejército sirio. Estados Unidos finalizó el proceso de retiro de sus tropas este año y evacuó sus enclaves militares, dejando sin más respaldo a las milicias  kurdas. Es así que Damasco se quedó con Hasaka, Qamishli y los campos petroleros.

La política de Washington, ajustándose al nuevo panorama sirio, cambió de apoyar una autonomía kurda independiente a respaldar la unificación total del estado sirio bajo las nuevas autoridades de Damasco. Un punto clave que coincide con Turkiye y que genera fricción con Israel.

Mehmet Perincek, historiador y profesor turco, expresó su mirada sobre la disolución de las FDS, “sin duda, es positivo que las FDS, el PKK y las administraciones autónomas controladas por organizaciones terroristas en Siria se estén integrando en el gobierno central. Pero si se entregan todos los recursos de Siria a empresas estadounidenses como ExxonMobil, y si se vincula al país con acuerdos estratégicos, económicos y de rutas comerciales con Estados Unidos y Occidente, se corre el riesgo de convertirlo, de hecho, en un estado títere”.

Tras el derrocamiento de Bashar Al Assad, la complejidad geopolítica regional muestra que las comunidades étnicas y religiosas operan como fracturas estructurales que actores externos aprovechan para fragmentar, caotizar y controlar el territorio sirio o para expandir su influencia regional. 

La terapia de shock liberal

Las políticas económicas de Al Golani endurecieron la vida de la población siria, mientras se apoya en veteranos y ex miembros de HTS para asesorarse, aplica una terapia de shock liberal como programa económico en su gobierno.

Personas de todas las clases sociales y procedencias apenas pueden costearse alimentos, alquiler y servicios básicos para una vida digna.

Los precios aumentaron considerablemente y el prometido auge económico posterior a Assad no se ha materializado. Al contrario, el gobierno central de Damasco ha insistido en medidas de austeridad que han hecho que el costo de vida sea aún más insostenible para el sirio promedio.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el 90% de los sirios viven en la pobreza y el 66% en la pobreza extrema.

Más del 80% de los sirios carecen de acceso fiable a alimentos suficientes. El Programa Mundial de Alimentos calculó que el precio de los productos básicos se incrementó un 34 % entre julio de 2025 y 2026. Además, el poder adquisitivo cayó por la depreciación de su moneda.

Los costos de la vivienda es otro tema delicado. Según el Centro Sirio de Investigación Política, los alquileres aumentaron casi un 66% entre mayo de 2025 y mayo de 2026. Tras intentar vivir en otros lugares, muchas personas regresaron a sus hogares y barrios devastados por la guerra al no poder costear los alquileres en zonas menos afectadas.

Otra medida tomada por la autoridad de Damasco, fue el aumento del precio del pan subsidiado por el Estado, en casi un 1400 %, estamos hablando de un alimento básico de la dieta siria. En esa misma línea, aumentó drásticamente las tarifas de electricidad, en algunos casos hasta en un 800%. Esta nueva política de precios trasladó en la práctica, el costo de restaurar la infraestructura eléctrica del país a los consumidores y las empresas; muchas personas simplemente dejaron de pagar las facturas.

En cuanto al precio del combustible, las autoridades sirias lo equipararon con los promedios mundiales, lo que repercutió en sectores como la agricultura y el transporte. En respuesta, estallaron protestas en todo el país, las más grandes desde el derrocamiento de Assad.

Y como toda política económica liberal, el gobierno sirio no tardó en abrir las importaciones, desmantelando los estrictos controles que conservaban las reservas de divisas y protegían al mercado interno. Los productores nacionales ya venían pasándola mal, ahora se ven con el problema de la competencia con productos importados baratos.

Mientras tanto, Arabia Saudita y Qatar enviaron cierta ayuda, incluyendo apoyo para los salarios del sector público, pero no se han comprometido a mantener a Siria a flote financieramente, debido a la crisis que atraviesan por las consecuencias de la guerra impuesta a  Irán.

Las dificultades económicas en la Siria de Al Golani, también contribuyen a la inestabilidad general, lo que hace que otros problemas políticos y sectarios sean potencialmente más explosivos.

El presidente Trump aparece junto al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante una ceremonia para firmar una proclamación que reconoce la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, el lunes. Susan Walsh/AP

La disputa es por Siria

Para Tel Aviv y Ankara, hoy Siria representa un territorio estratégico para sus respectivas proyecciones regionales, por ende la importancia de la disputa.

Vale señalar que la entidad sionista trasladó la tensión geopolítica con Turkiye por la región de Gaza al terreno sirio y, por otro lado, a la cuenca del Mediterráneo.

Cuando Al Golani tomó Damasco, Israel atacó y destruyó todas las bases aéreas, los sistemas de defensa antiaérea y las zonas militares, eliminando la infraestructura militar mediante más de mil ataques, para dejar una Siria sin capacidad de defensa.

El gobierno israelí considera que el vacío iraní en Siria podría llenarlo Türkiye, por eso rápidamente se ha encargado de ponerle límites mediante el incremento de incursiones militares, avanzando con la ocupación sobre territorio sirio en el marco de un gobierno débil como lo tiene Damasco.

El objetivo israelí es crear una Siria débil, como Cisjordania, fragmentada y dividida por líneas étnicas, compuesta únicamente por fuerzas de seguridad internas, pero sin un ejército nacional.

En tanto, Ankara aspira a consolidar una Siria territorialmente unificada, pero bajo su influencia donde pueda controlar sus fronteras y luchar contra grupos armados que le representen una amenaza. La disputa que hay entre Türkiye e Israel por Siria es estructural, ambos países buscan resultados opuestos.

Al respaldar al gobierno de Damasco, Türkiye busca insertarse en la futura arquitectura de seguridad y política de Siria, neutralizar a las fuerzas kurdas, expandir los mercados para su industria de defensa y profundizar su presencia política hasta el Mediterráneo.

Resulta pertinente observa que en el marco del reordenamiento geopolítico que trajo la guerra en Irán, Israel, hoy también busca edificar un eje de seguridad en la región, creando un cinturón de seguridad en la cuenca del Mediterráneo oriental mediante la cooperación con Grecia y la administración grecochipriota. Algunos analistas manifiestan que también se trata de un cinturón de seguridad contra Türkiye.

No obstante, Ankara es clave para la seguridad energética de Tel Aviv y mantienen fuertes lazos económicos. El estado turco nunca rompió relaciones ni interrumpió el suministro de gas de Azerbaiyán a Israel, por lo que la posibilidad de una guerra directa entre ambos países sigue siendo poco probable.

Los presidentes de Türkiye, Erdogan, y de Siria, Al-Sharaa, abordaron cuestiones sobre la soberanía, protección civil y coordinación. / Reuters

La policía exterior post Assad                               

En medio de una transición del orden regional y global, definido por la incertidumbre, la temporalidad y la ambigüedad estratégica, Damasco se mueve y se ajusta según el contexto.

Durante el primer año del gobierno de Al Golani, la política exterior siria sufrió cambios rápidos como el reposicionamiento como “actor neutral”, la alineación con Washington y la búsqueda de un acuerdo con Tel Aviv, además, del congelamiento de las relaciones con Teherán.

En el caso de Israel, Damasco dialoga al mismo tiempo que estrecha relaciones con los países que, según teme el gobierno de Netanyahu, podrían fortalecer a Siria.

Un gobierno que negocia mientras sus instalaciones militares pueden ser atacadas casi a voluntad, negocia desde una posición de debilidad. Siria parece estar intentando cambiar el equilibrio en torno a las negociaciones sin abandonarlas.

Por otra parte, su situación con Rusia combina continuidad institucional con la renegociación de términos concretos. El pasado agosto, Damasco acordó transformar las bases militares rusas de Tartús y Hmeimim en “centros conjuntos de formación”, mientras las instalaciones civiles de ambos enclaves pasan a manos de las autoridades sirias.

En cuanto a Irán que perdió su influencia en territorio sirio tras el derrocamiento del gobierno baazista, el presidente de facto sirio sostuvo en Chatham House que su problema no es con Irán en Teherán sino con Irán en Damasco. En tanto, el canciller iraní Araghchi, según la agencia Tasnim, pidió a Damasco no acercarse a Israel, apoyó la unidad e independencia siria, rechazó cualquier partición y exigió el fin de la ocupación.

Esta evolución en el comportamiento de Damasco no puede entenderse sin su principal determinante estructural, su tutelaje externo.

De ahí que ante una serie de agresiones y violaciones a la soberanía siria, Al Golani solo ha reaccionado para aclarar que, pese a ello, está del lado israelí y estadounidense. Algo que no le ha ofrecido ninguna garantía para sostener la territorialidad siria frente a un agresivo avance israelí y frente a una postura encubridora de Estados Unidos con su mayor aliado en la región.

Fuente: Huele a azufre 

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