Estamos en tiempos de terremotos que colocan a prueba sociedades y gobiernos y hasta pueden terminar generando grandes conmociones o explosiones sociales en los próximos años.
Mientras las comunidades padecen grandes dolores por las pérdidas irreparables de sus seres queridos, así como de sus patrimonios, producto del trabajo de generaciones; los poderosos ven estas adversas circunstancias de los pueblos como una oportunidad, una temporada de “shock de las sociedades” para hacer “buenos negocios”. El dolor, desconcierto e incertidumbre de la población usado para “resetear” la memoria social.
Así operó en Chile el golpe militar de Pinochet: el terror contra la población usado como plataforma de lanzamiento del gran ensayo “neoliberal”, igual que ha acontecido con terremotos y tsunamis. Después del “desastre” viene el buen negocio para los “contratistas” tanto de de las empresas militares privadas como de las otras que, de buena gana y por buen dinero, dicen limpiar escombros “naturales” y producidos por guerras genocidas, como acontece en Gaza.
Se vivió también con el terremoto de Haití en 2010, usado para realizar la intervención militar de Estados Unidos, tomando el control del territorio supuestamente para brindar apoyo humanitario; hasta el día de hoy, ese país continúa sumergido en la incertidumbre y el desastre. Esa es la mejor opción para los gringos: impedir que los pueblos construyan su futuro con soberanía y autonomía.
Por el misterio y secreto con que Estados Unidos ha realizado sus investigaciones tecnológicas de uso militar, DARPA (Agencia de Proyectos de Investigaciones Avanzados de Defensa, que depende del Departamento de Defensa de los Estados Unidos) ha sido señalada por los especialistas de “teoría de la conspiración” como responsable de desastres naturales, como fue el caso del terremoto de Haití y volvió a salir a flote con el terremoto del 24 de junio en Venezuela, pues también fue usado “de excusa” para enviar tropas gringas al suelo de Bolívar y, de refilón, también llegaron tropas israelíes y el Mosad.
Ahora en Colombia, mientras el “Tigre” rechaza determinadas ayudas, prefiere las de sus “hermanos sátrapas” como Milei, Bukele y Noboa, negando el principio de solidaridad universal ante las catástrofes naturales; pero no se necesita justificar la presencia gringa para realizar “ayuda humanitaria”, sino que lo hace directa y abiertamente para la “lucha narcoterrorista”, tal como se lo ordena su jefe Pete Hegseth, Secretario de Guerra de los EE UU.
Así, en Colombia vivimos la doble realidad, el mismo día del terremoto, 10 de agosto, el “Tigre” lanzó el bombardeo y ataque con artillería contra el Catatumbo que terminó afectando mucho más a la población civil que al ELN, por eso las mismas instituciones del Estado lo cuestionan. La población sufre por el terremoto y por los ataques militares del gobierno; en eso se parece el gobierno y el desastre, alguien diría: es pura coincidencia.
Mientras tanto, siguen llegando ayudas de la sociedad colombiana y la Comunidad Internacional, y el “Tigre” para administrarlas ha decidido nombrar a dedo a gerentes y administradores, suplantando a las autoridades territoriales (gobernadores y alcaldes); también por la “Primera Dama”, al igual que en el anterior gobierno desplazan instituciones para terminan manejando una jugosa cartera. Otro diría: “lo de las Primeras Damas” manejando recursos públicos como si fueran de su propio bolsillo es pura coincidencia, como en los viejos tiempos del feudalismo, donde los bienes públicos no existían.
