Fidel emergió desde la Cuba profunda como el estadista más preclaro de América Latina en los últimos dos siglos.
A cien años del nacimiento de uno de los líderes más trascendentales de la historia contemporánea, la figura del comandante Fidel Castro Ruz se proyecta con la fuerza indeleble que inmortalizó el compositor Eduardo Saborit: «un Fidel que vibra en la montaña, un rubí, cinco franjas y una estrella». Evocación poética que sintetiza tanto la gesta de la Sierra Maestra, como el orgullo soberano de la patria cubana.
Nacido el 13 de agosto de 1926 en Birán, en el oriente cubano. Formado en la disciplina de colegios jesuitas y dotado de una privilegiada capacidad intelectual y física, destacó tempranamente como un joven multifacético: deportista consagrado —pasión que más tarde transformaría, como política de estado a Cuba en una potencia deportiva continental y olímpica— y un ávido lector comprometido con las causas sociales. Fidel emergió desde la Cuba profunda como el estadista más preclaro de América Latina en los últimos dos siglos.
Su vocación antiimperialista e internacionalista se gestó desde su juventud, participando en la expedición de Cayo Confites contra la dictadura dominicana y testigo privilegiado del Bogotazo en Colombia, desencadenado tras el asesinato del líder político liberal Jorge Eliecer Gaitán en abril de 1948. En Cuba, su país, al constatar la inviabilidad de la vía democrática formal, asumió la vanguardia de la lucha armada al frente de 160 jóvenes en el histórico Asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953.
Aunque la acción militar fue repelida con brutales crímenes, la resistencia transformó el sacrificio de los caídos en la chispa que encendió la Revolución Cubana. Tras su liberación el año 1955, organizó desde el exilio mexicano el desembarco del yate Granma en 1956.
Conducido por el Ejército Rebelde junto a figuras como el Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Celia Sánchez Manduley, Juan Almeida Bosque, Haydee Santamaría, José Machado Ventura, Vilma Espín, Raúl Castro, entre otros, el movimiento 26 de julio, junto al apoyo social derrotó al ejército dictatorial respaldado por Estados Unidos, alcanzando el triunfo definitivo el 1 de enero de 1959 y consolidando a Cuba como el primer Territorio Libre de América.
La dignidad inquebrantable de la Revolución frente al hegemonismo
Con el triunfo revolucionario, Cuba comenzó a enfrentar una confrontación sistémica e implacable: una guerra multidimensional caracterizada por agresiones asimétricas, intentos de magnicidio, un bloqueo económico total y embargos extraterritoriales. Dicha agresión no disminuyó tras el derrumbe del campo socialista europeo.
Quienes pronosticaban el colapso del proyecto revolucionario ignoraron que la dignidad emancipadora posee un valor ético superior al que mercantiliza el neoliberalismo; así, Cuba emergió desde las severas restricciones materiales con un socialismo profundamente arraigado en su ADN histórico y cultural.
Bajo el liderazgo de Fidel y en el contexto de la Guerra Fría, la Revolución cimentó una política exterior basada en el internacionalismo militante, respaldando movimientos de liberación nacional en Argelia, Angola, Mozambique y Nicaragua. Esta firme línea soberana provocó que la política exterior de Estados Unidos se estructurara en función de desestabilizar permanentemente al gobierno y atentar contra la vida de su máximo líder, quien contabilizó un total de 638 intentos de magnicidio.
Es preciso destacar que la administración del presidente del Partido Demócrata estadounidense John F. Kennedy representó un punto de inflexión en la criminalidad de esta ofensiva, conjugando sabotajes, quema de cosechas, introducción deliberada de enfermedades biológicas y la articulación de bandas contrarrevolucionarias, consolidando una verdadera empresa multinacional del terror contra la dirigencia cubana.
La epopeya africana y el golpe definitivo al Apartheid
A pesar de los recurrentes intentos por destruir el proceso socialista, Cuba se erige como un faro de solidaridad internacionalista. Su contribución militar y logística fue decisiva en la defensa de la independencia de Angola el año 1975 frente a la agresión articulada por el régimen racista de Sudáfrica, el Zaire de Mobutu Sese Seko y las fuerzas mercenarias de la UNITA en el estratégico enclave de Cabinda.
La mítica Batalla de Cuito Cuanavale (1) marcó acento geopolítico global. Las fuerzas internacionalistas cubanas y angoleñas no solo derrotaron al ejército sudafricano, sino que lo persiguieron hasta la frontera con Namibia, forzando las condiciones que propiciaron la independencia namibia y precipitaron el colapso definitivo del oprobioso régimen del apartheid.
Como reconoció públicamente Nelson Mandela en su visita a Cuba el 26 de julio de 1991: «Aquella impresionante derrota del ejército racista le dio a Angola la posibilidad de disfrutar de la paz y consolidar su soberanía… sin la derrota en Cuito Cuanavale nuestras organizaciones nunca hubieran sido legalizadas» (2) Cuito Cuanavale fue el Waterloo del apartheid. En la Colina del Parque de la Libertad en Pretoria, los nombres de dos mil 107 combatientes cubanos caídos en defensa de esta causa permanecen esculpidos junto a los de los combatientes sudafricanos, sellando un vínculo de hermandad inquebrantable.
Fidel y la Vigencia de los Imprescindibles
Con la desaparición de los socialismos reales, los estrategas del realismo político auguraban el colapso inmediato de la economía cubana, dado que el 90 por ciento de su comercio exterior dependía de dicho bloque. Sin embargo, este duro golpe demostró que Washington no requería de la excusa del enfrentamiento bipolar para justificar su política de hostigamiento. El endurecimiento constante del bloqueo unilateral, carente de aval de la Organización de las Naciones Unidas, evidenció una vocación injerencista que transita incólume por trece administraciones estadounidenses, desde Eisenhower hasta Donald Trump.
La desaparición física de Fidel Castro Ruz representa únicamente un tránsito biológico ante una obra histórica de dimensiones universales. Fiel al postulado martiano de que «la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida” (3) su pensamiento visionario anticipó las crisis estructurales que hoy aquejan a la humanidad: la crisis climática, la insostenibilidad de la deuda externa, la bestialidad sistémica del capitalismo y el carácter colonial y criminal del sionismo.
En palabras pronunciadas por el propio comandante en jefe en diciembre de 2001:
«Aun cuando un día formalmente mejoraran las relaciones entre Cuba socialista y el imperio, no por ello cejaría ese imperio en su idea de aplastar a la Revolución Cubana, y no lo oculta […] hay que tener la conciencia de que nunca podremos, mientras exista el imperio, bajar la guardia, descuidar la defensa» (4)
Hoy, la resistencia heroica de Cuba —respaldada por su diplomacia médica internacional, sus educadores y sus internacionalistas— continúa inspirando a los pueblos en lucha en Palestina, Líbano, Yemen, Irak, la República Árabe Saharaui Democrática y el referente del eje de la resistencia como es la República Islámica de Irán. La Revolución Cubana demuestra así que la dignidad soberana no se negocia, consolidándose permanentemente como el más firme bastión antiimperialista de nuestra América y del mundo.
Fidel era un profundo conocedor de la historia y su consejo, en este plano reviste la necesidad de tomarlo al pie de la letra cuando señaló en un largo periplo internacional el año 1972 que es deber de todo revolucionario conocer la historia, que es un deber trabajar para que las nuevas generaciones conozcan la historia, porque eso les ayudará a mantener levantado el espíritu y la conciencia revolucionaria, el reconocimiento y la gratitud hacia las generaciones que se sacrificaron, el deber de seguir adelante por los caminos del internacionalismo (5)
Así lo entienden los revolucionarios antiimperialista y antisionistas de todo el mundo, que día a día cumplen la máxima de tener siempre presente la necesidad de resistir frente a los embates del imperio y sus cipayos. Cuba ha sido un ejemplo y su comandante eterno es la expresión de aquella melodía hermosa cuya letra afirma
“Lo que brilla con luz propia nadie lo puede apagar. Su brillo puede alcanzar la oscuridad de otras costas. Qué pagará este pesar del tiempo que se perdió. De las vidas que costó, de las que puede costar. Lo pagará la unidad de los pueblos en cuestión. Y al que niegue esta razón la historia condenará. La historia lleva su carro y a muchos nos montará, por encima pasará de aquel que quiera negarlo. Bolívar lanzó una estrella, que junto a Martí brilló, Fidel la dignificó para andar por estas tierras”. En tu centenario ¡hasta la victoria siempre comandante ¡
Referencias:
1.- https://espanol.almayadeen.net/articles/1686320/cuito-cuanavale-y-el-%C3%BAltimo-combate
2.- https://misiones.cubaminrex.cu/es/articulo/el-waterloo-del-apartheid
3.-. https://instituciones.sld.cu/upp/2023/05/19/5240/
4.- https://lapupilainsomne.wordpress.com/2014/12/28/fidel-aun-cuando-un-dia-formalmente-mejoraran-las-relaciones-entre-cuba-socialista-y-el-imperio/
5.- Fidel Castro Ruz: Palabras en Swietochlowice, 8 de junio de 1972, El futuro es el internacionalismo, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1972, p.245.