Estados Unidos: tigres de papel

“En apariencia es muy poderoso, pero en realidad no es nada a lo que temer; es un tigre de papel. Un tigre por fuera, está hecho de papel, incapaz de resistirse al viento y la lluvia” Mao-Tse Tung, 14 julio, 1956.

Hasta hace pocos meses, cuando se produjo la primera ofensiva militar no provocada contra la República Islámica de Irán por parte de la coalición sionista-imperialista, en junio de 2025, varios mitos seguían en pie. No solo nos referimos a los relatos de poderío militar sino a una amplia gama de preconceptos que, de norte a sur, nos habían vendido (y que una considerable parte de la humanidad había comprado).

Por años, la guerra cognitiva avanzó sin fronteras en todo el planeta, imponiendo sentidos comunes y lógicas atrofiadas, pero bien envueltas en semióticas de poder, que solo aparentaban lo que jamás fueron.

Aceitadas financieramente por los grandes conglomerados de la comunicación y la desinformación, conservaban así sus pilares esenciales de dominación. El consenso se había debilitado pero el discurso autoritario y las medidas coercitivas impuestas desde Washington sostuvieron la leyenda.

Entre estos mitos encontramos que Israel resultaba supuestamente invulnerable a cualquier ataque aéreo; que las fuerzas armadas de EEUU no solo eran las más poderosas del planeta, sino que ninguna otra fuerza era capaz de enfrentarlas en cualquier tipo de guerra tecnológica, ya sin hablar de las formas de guerra convencionales.

Las poses y gestos de fanfarronería injustificada de un cada vez más alterado y disociado Donald Trump, que se presentaba como el matón universal, arrogante y arbitrario, capaz de amenazar con desatar el infierno contra quien se le opusiera, dentro o fuera de los Estados Unidos, parecían sostener esas fantasías propagadas en redes sociales y en horario prime-time.

En América Latina, los premios otorgados como galletas a mascotas obedientes, servían para impulsar a diversos jerarcas -que en general comulgaban con las fanatizadas ideas fascistoides del magnate estadounidense-, plegados a los designios, órdenes y caprichos de Washington. El Salvador, el primero, convirtiendo al país, hace exactamente un año, en la vergüenza del continente, al transformarlo en colonia carcelaria internacional por un miserable precio.

La abyecta sumisión del bukelato a lo que exigiera el régimen del Norte, solo parecía tener parangón en las pusilánimes actitudes de su colega del sur, un Javier Milei convertido en abierto agente colonial sionista-imperial en el extremo sur del continente y cuyas excentricidades hacen dudar de sus facultades mentales.

En este campo de las apariencias, de los mitos autoproclamados, también se sostenía que nadie parecía capaz de resistirse a los daños provocados por sanciones económicas imperiales expresadas en forma de aranceles arbitrarios y descomunales.

Del mismo modo, se creía que EEUU jamás bombardearía una capital sudamericana. El secuestro del presidente Maduro y su esposa, el 3 de enero de 2026, con el ataque militar sobre puntos clave de Caracas, la muerte en combate de unas 70 personas, incluidos heroicos militares cubanos, sin que el mundo tuviera una reacción ni remotamente acorde al grado de semejante violación de toda norma internacional, pareció fortalecer aún más aquella mitología imperial de inexpugnabilidad.

La revitalizada doctrina Monroe, declaraciones como la Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Trump, de noviembre de 2025, la Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos, de enero de 2026, o la conformación del Escudo de las Américas, con los más destacados títeres latinoamericanos del trumpismo, contribuyeron a fortalecer la apariencia de un imperio en esteroides que, en alianza con el ente sionista, y habiendo subordinado a la OTAN y a la Unión Europea, parecían marchar a paso redoblado sobre las decrépitas leyes internacionales que habían probado su inutilidad ante el genocidio gazatí.

Pero todo era un juego de ilusiones, una puesta en escena de fortalezas aparentes que debía ocultar a los ojos del mundo la realidad de un imperio decadente, de una fortaleza sionista, que lo sería solamente hasta que desafiara a un rival acorde a su desarrollo y no, como hasta entonces, atacando a un pueblo diezmado y desarmado como sucedió en Gaza.

28 de febrero

Hoy, con el 28 de febrero como telón de fondo del escenario internacional, empieza a quedar claro que hay un imperio que se hunde, que la subestimación sionista-imperial a Irán equivale a la subestimación romana a los llamados pueblos bárbaros germánicos, que se encargaron de pulverizar un imperio ya de por si debilitado desde sus cimientos interiores.

A modo de ejemplo, la historia nos recuerda las sucesivas crisis que produjeron la debacle:

  • Crisis del Siglo III (235-284 d.C.): Marcada por la inestabilidad política, guerras civiles, hiperinflación y plagas, lo que debilitó profundamente la estructura del Imperio.
  • División del Imperio: Diocleciano dividió el imperio en dos (Oriente y Occidente) a finales del siglo III para gestionar mejor el territorio, lo que eventualmente separó sus destinos.
  • Invasiones y Saqueos: Los visigodos saquearon Roma en el 410 d.C., siendo la primera vez en 800 años que la ciudad caía ante un enemigo extranjero. El saqueo se repitió en el 455 d.C.
  • El Golpe Final (476 d.C.): Odoacro depuso a Rómulo Augústulo y no nombró un sucesor, enviando las insignias imperiales a Constantinopla, lo que simbolizó el fin de la línea de emperadores occidentales.
  • División Definitiva: El Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla, perduró durante casi mil años más como Imperio Bizantino.

La caída de Roma fue un proceso largo y complejo, motivado por la inestabilidad política, la inseguridad, la presión de pueblos germánicos y una severa crisis económica.

Algunos analistas empiezan a afirmar que una fecha a señalar en la historia del declive del imperio estadounidense, que en realidad se trata del imperio atlantista, con la potencia hegemónica norteamericana a la cabeza, es aquel 28 de febrero, donde el imperio subestimó las fuerzas iraníes, su sentido patriótico y el valor de sus convicciones; con ello abrieron las puertas a múltiples resistencias en el mundo. Algo así señala el analista Uriel Umiperrez:

“Así como tienen fechas específicas las caídas del Imperio Romano y de Constantinopla, el 28 de febrero de 2026 será recordado por los historiadores como la caída del imperio estadounidense al atacar a Irán. EUA ahora ya no sabe qué hacer con este conflicto y dejó de cumplir los pilares básicos de cualquier imperio: garantizar la seguridad de sus colonias, los negocios de las oligarquías locales, el pago de tributos, inspirar miedo y respeto, y garantizar el funcionamiento del sistema global.”

El ejemplo iraní es una luz para los pueblos explotados del mundo, que ven allí una esperanza que fuera puesta en duda ante la ofensiva bestial sobre Venezuela, y el bloqueo petrolero criminal contra la Revolución Cubana, ante las escasas y débiles reacciones en el mundo. Algo similar ya había sucedido frente el genocidio palestino.

Eran en realidad tigres de papel, que aún pretenden seguir amenazando a buena parte de la humanidad, incluyendo a sus socios y aliados. Hoy sufren golpe tras golpe, huyen de sus bases en Oriente Medio, claman al cielo por ayuda para hacer lo que ellos no pueden hacer en el Estrecho de Ormuz y se quedan solos ante la realidad manifiesta que ninguna guerra se gana por aire, y que para poner tropas en el frente solo contarán con sus propias fuerzas.

También se demostró que ni la entidad sionista, ni EEUU pueden detener las ofensivas aéreas iraníes en respuesta a los ataques de los agresores. Ni escudo invulnerable ni imbatibilidad tecnológica, mucho menos capacidad interminable de producción de unidades bélicas de alta tecnología. Su fatiga de guerra se evidencia.

También es patente su incapacidad para contener una crisis interna en desarrollo. Al relevo de figuras claves en política interior como Pam Bondi o Kristie Noem, se suman los problemas internos en el FBI contra Kash Patel quien, habiendo politizado la fuerza, despidiendo a todos aquellos que tuvieron algún papel en las investigaciones contra Trump de 2020, hoy enfrenta juicios que lo llevarán, casi con seguridad, a tener que admitir a veteranos miembros del Bureau quienes, sin duda, operarán en su contra.

Dicen que no se debe cambiar de caballo en medio del río. Pero parece que eso ha hecho el presentador televisivo ultra-reaccionario devenido jefe del Pentágono, Pete Hegseth, al verse obligado a expulsar a comandantes militares involucrados en la guerra de agresión contra Irán.

De acuerdo a fuentes citadas por medios estadounidenses, la razón es la oposición de quienes algo saben de guerras, para desplegar tropas en territorio iraní, pues estiman muy altas las probabilidades de que la mayoría no regrese a casa, o lo haga en bolsas negras, sin que eso garantice completar exitosamente la misión.

Hace apenas unos días, casi ocho millones de personas marcharon de costa a costa, rechazando las sádicas políticas migratorias del trumpismo, la guerra sin autorización del Congreso y las políticas económicas, que siguen hundiendo las condiciones materiales de vida de amplios sectores populares de EEUU.

Desde el lado del sionismo, las extremas medidas adoptadas por la Knesset de autorizar la condena a muerte por horca selectivamente para acusados palestinos, muestra un grado de desesperación desconocido. Al mismo tiempo, ya se registran detenciones en protestas y la represión contra sectores opuestos a la guerra. La inestabilidad al interior de Israel resulta incuestionable mientras la reacción del sionismo gobernante es huir hacia adelante, abriendo nuevos frentes de guerra en el Líbano.

Y también empiezan a demostrar ser tigres de papel los cipayos latinoamericanos que notan que su destino está definitivamente amarrado al de Donald Trump y su pandilla de agresores seriales, que tienen en noviembre un plazo fatal. Lo saben, pero ya es tarde para alejarse de sus asociaciones con sionistas, británicos, estadounidenses y lo peor de la política universal.

Solo pueden hacer lo que hacen, expoliar y hambrear a sus pueblos, concentrando cada vez a mayor velocidad la mayor cantidad de riquezas extraíbles a sus naciones. El ejemplo salvadoreño es revelador, “Ingresos de los más pobres se han reducido desde 2019 en El Salvador”, subrayaba la prensa local esta semana, para agregar que “es cada vez más probable caer en la pobreza y cada vez es más difícil salir de ella”.

Según el Banco Mundial, en El Salvador, entre 2018 y 2022, la tasa de entrada a la pobreza pasó de 14 a 20%, mientras que la de salida bajó de 48.2 a 43.5%.

El tiempo no juega a favor de estos gobernantes. Tampoco lo hace a favor de la economía. Black Rock acaba de advertir que de alargarse el conflicto “una recesión económica probablemente severa y pronunciada” golpeará la economía del planeta.

Las enseñanzas de la caída de otros imperios deberían servir a sus títeres para saber que cuando estos caen, lo último que hacen es pensar en sus sirvientes, habiten estos en Europa, Oriente Medio o América Latina.

Fuente: Huele a azufre 

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