ANTECEDENTES
Cuando estalló en el caribe la crisis de los misiles rusos, secretamente emplazados en la isla de Cuba en 1962 por parte del primer ministro de la Unión Soviética Nikita Jrushchov, de común acuerdo con el líder de la revolución cubana Fidel Castro para detener el inminente ataque militar del poderoso ejército norteamericano contra Cuba y su nobel revolución, se produjo un escalamiento inusitado de la tensión mundial y parecía inevitable la guerra nuclear, que acabaría con todo vestigio de civilización, al menos en esta parte del mundo. Pero más allá de densos análisis provistos de valederos argumentos escritos en libros, documentos, películas a favor o en contra de la disputa ideológica, esto supuso un quiebre que obligó a los EE.UU. a reposicionar su doctrina de seguridad nacional ante la presencia en la región del fantasma del comunismo hasta exterminarlo, como efectivamente lo intentaron en el periodo de 1960 hasta el año 2000 plagado de conspiraciones, invasiones, golpes de estado, magnicidios de presidentes progres, apoyo a dictaduras militares, bloqueos y la imposición de mecanismos financieros extorsionadores para subyugar las frágiles economías caribeñas y subordinarlas a los intereses del gran capital internacional.
CONSECUENCIAS DEL PERIODO DE LA GUERRA FRÍA
Ante este panorama tan sombrío y desolador que arrasó con gobiernos democráticos y proyectos nacionalistas en la región – y que, en un plano más amplio, culminó hacia finales del siglo XX con el colapso de la Revolución de Octubre de 1917, aquella liderada por Lenin y heredera de la victoria soviética sobre las huestes hitlerianas en la Segunda Guerra Mundial, que salvaron a la humanidad entera de un gigantesco Holocausto – se fue consolidando el poderío unipolar de los Estados Unidos; y junto a él emergió un sistema de gobernanza global que sepultó las escasas esperanzas de equilibrio de poderes, proclamando el “fin de la historia y de las ideologías”, como afirmara Francis Fukuyama. Esto como el corolario de un siglo signado por grandes guerras, la reconfiguración del orden mundial y la agudización de las contradicciones que presagiaban tiempos difíciles para América Latina y, en particular, para el Caribe; región que, pese a todo, mantuvo en la Cuba revolucionaria una resistencia épica y digna, capaz de sobrevivir a la crisis de los misiles de 1962 y de demostrar la relevancia geoestratégica del Caribe para América Latina y todo el hemisferio.
EL CARIBE COMO ESCENARIO QUE MARCA EN EL SIGLO XXI UN PUNTO DE INFLEXIÓN PARA DAR PASO AL NUEVO ORDEN MUNDIAL
Han sido muy dolorosas las situaciones que han ocurrido en la región del caribe en los últimos lustros y que han colocado en vilo a toda la humanidad, como para desestimar hoy el inusitado despliegue de poderío militar que ha movido la colosal maquinaria bélica norteamericana en torno al asesinato extrajudicial de más de 70 humildes pescadores que presuntamente ponen en peligro la seguridad de los EUA; todo ello mientras sus calles y ciudades permanecen inundadas de droga y fentanilo; un panorama que devela la desgarradora realidad que padece la sociedad estadounidense condenada al caos y colapso generalizado.
¿Acaso es realmente un problema de combatir el narcoterrorismo que ellos mismos han ayudado a crear para monopolizar el lucrativo negocio que produce ganancias exorbitantes? ¿O se trata de controlar militarmente un enclave geoestratégico que cuenta con todos los elementos de la tabla periódica, con las mayores reservas energéticas certificadas del planeta, y con inconmensurables riquezas de biodiversidad, agua dulce y extensiones de tierras fértiles cultivables, que garantizarían a quien las controle, la supremacía absoluta para los próximos 50 años?
Ciertamente; pero no estaría completo el análisis si a estas enormes ventajas comparativas que ofrece la región para las voraces economías del norte global – en momentos en que se desploman sus reservas estratégicas, se erosiona el poder disuasivo de la OTAN y emergen con mucha fuerza otros polos de desarrollo en Asia que le disputan la hegemonía a Occidente – se le suma el hecho de que en Venezuela, poseedor de buena parte de estas riquezas naturales, se han retomado las banderas del Socialismo Bolivariano del siglo XXI a partir de la llegada de Hugo Chávez al poder en diciembre de 1998. Nuestro país, que ha podido superar todas y cada una de las agresiones a las que ha sido sometido en los últimos 27 años por parte del imperio más genocida que haya conocido la historia de la humanidad, se ha convertido por sus propios medios y con alianzas estratégicas claves, en la esperanza viva por un mundo más justo, solidario, en paz, sin hegemonía, con respeto al derecho internacional y en armonía con la madre tierra.
RETOS Y DESAFÍOS DE PERMANENTE REBELDÍA UN CONTINENTE EN PERMANENTE REBELDÍA
Sin duda que 63 años después de la llamada crisis de los misiles en Cuba, América Latina y particularmente el Caribe, – por cierto, declarada por la CELAC en La Habana en diciembre del 2014 como Zona de Paz-, vuelve a llamar la atención del mundo, pero esta vez, con los cañones apuntando a Venezuela, la patria de Bolívar y Chávez; poseedora (como ya se menciona anteriormente) de la mayor reserva energética certificada de todo el planeta (calculadas en más de 300.000 millones de barriles), y
garantía del equilibrio energético mundial; también poseedora de grandes yacimientos de minerales estratégicos que asegurarían la hegemonía tecnológica, militar y financiera de quienes se coloquen a la vanguardia del nuevo orden mundial.
Esta es la verdadera razón por la cual el gobierno supremacista de EE.UU. se despliega militarmente en el Caribe, por donde sólo circula el 5% del total de la droga que entra a su país, so pretexto de combatir el narcotráfico. Ellos intentan aniquilar la experiencia venezolana del socialismo del siglo XXI para robarse sus riquezas; están obligados a proteger las fabulosas ganancias que generan y lavan en los paraísos fiscales de países caribeños cuyos sistemas financieros sirven de centrifugas para perfumar el dinero mal habido, que luego entra impoluto al sistema financiero norteamericano.
Según la denuncia hecha por la Vicepresidenta ejecutiva de Venezuela Dra. Delcy Rodríguez, basada en el informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), ratificado en 2025, el 85% de las ganancias del narcotráfico permanecen en EE.UU., advirtiendo que el crimen organizado genera entre 1,6 y 2,2 billones de dólares anuales a escala global, de los cuales el tráfico de drogas ocupa el segundo lugar con cifras que oscilan entre 426 y 652 mil millones de dólares, equivalente al 0,8% del PIB estadounidense.
Estas colosales masas de dinero reflejan el papel de los países consumidores como principales beneficiarios económicos del negocio ilegal, y que bajo ninguna circunstancia están dispuestos a perder. Llama poderosamente la atención, como actualmente hay más de 49 millones de personas en los Estados Unidos que padecen de al menos un trastorno, por consumo de sustancias estupefacientes.
En el sur global se menciona con destellos de admiración la enorme capacidad de resiliencia del heroico pueblo venezolano y el liderazgo del Pdte. Nicolás Maduro Moros en la conducción del partido y el alto mando político militar de la revolución bolivariana, que cuenta con el apoyo solidario del movimiento popular revolucionario venezolano y de diferentes latitudes – inspirados en los ejemplos luminosos de pueblos valientes que han derrotado poderosos imperios con métodos tropicalizados de la guerra popular de resistencia prolongada -, y con la firme posición de aliados estratégicos claves como Rusia, China e Irán en acompañar militarmente – en caso de que Venezuela lo exija -, al bravo pueblo venezolano, sí la planta insolente del extranjero osa profanar el suelo sagrado de la patria.
No será en Ucrania, ni a costas del martirizado pueblo palestino; será nuevamente en el Caribe descolonial y emancipado donde se defina – como hace 63 años – la suerte de la humanidad, pero esta vez con la certeza de tener de nuestro lado todo el acumulado de luchas, la justeza por un nuevo orden mundial pluricentrico y multipolar que emerge; y la derrota definitiva de la hegemonía unipolar de los EE.UU., con Venezuela y su pueblo en armas, jugando un papel protagónico como hace más de 200 años.
América Latina y el Caribe, tierra de gracia, cuna de libertadores y de grandes civilizaciones ancestrales, será el lugar escogido para ser los sepultureros del mal y parteros de lo nuevo, de lo hermoso, sintetizado por la exuberante poesía latinoamericana y caribeña que así lo acrisola…
“…En la sal de este mar caribe, un lamento se alza, un eco de cañones, de banderas que se abrazan.
El sueño imperial, que el oro quiso domar, hoy se pudre en la arena, un cadáver sin lugar.
…El gigante se tambalea, bajo el sol caribeño, Y su tumba, construida por el pueblo, es hoy su ensueño. Porque el Caribe no olvida, la historia ni el dolor, Y en sus aguas, con la fuerza de su antiguo fulgor,
Ha enterrado el poder que creyó invencible y eterno, Y en cada ola renace un nuevo y libre invierno.”
