Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí
Cuando la comunidad internacional exige año tras año, con una mayoría abrumadora, el fin del bloqueo contra Cuba, y cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba por trigésima tercera vez una resolución que insta a Estados Unidos a levantar las medidas coercitivas unilaterales, una pregunta queda planteada ante el mundo: ¿cómo puede ser etiquetado de «amenaza» un país que envía personal médico, docente y equipos de rescate a todo el planeta? Y en cambio, ¿cómo puede llamarse «justo» un bloqueo que ha causado pérdidas por más de cien mil millones de dólares y que, por ejemplo, obliga a los hospitales a funcionar a oscuras, dejando a niños y niñas sin cirugías por falta de electricidad?
Bloqueo energético y crisis humanitaria.
Durante décadas, el discurso proimperialista ha insistido en que las medidas estadounidenses contra Cuba configuran un “embargo”, no un bloqueo. Y aunque, como hemos insistido, esto se desmiente cuando se estudian las generaciones de la guerra y se entiende que a partir de la globalización neoliberal, la hegemonía capitalista hizo más brutal la guerra comunicacional, el terrorismo financiero y el bloqueo comercial, sin requerir para ello acciones militares tradicionales, hoy, los asesinatos impunes de navegantes en el Mar Caribe, el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y confiscación y amenazas permanentes de Estados Unidos contra buques tanqueros y navieras que quieran llevar combustible a la isla, son la evidencia de que esto es, más que nunca, con todas sus letras, un bloqueo.
Hasta mayo de 2026, el país contaba con 2,66 millones de toneladas menos de combustible que lo previsto, y cerca de 1.400 megavatios de capacidad de generación permanecían inactivos por falta de combustible. ¿Las consecuencias? Operaciones quirúrgicas realizadas con la luz del teléfono celular; más de 100.000 pacientes —incluidos unos 12.000 niños— sin poder ser operados por los apagones. No por falta de médicos ni de medicamentos, sino por falta de electricidad. También por supuesto se afecta con esto, la educación en todos sus niveles, otros servicios básicos que necesitan energía como el agua y el aseo, el deporte y hasta el entretenimiento, que también es un derecho.
Bloqueo económico y financiero, algunas cifras del sufrimiento cotidiano.
El bloqueo no es una política abstracta que afecta sólo a la dirigencia política, es una asfixia concreta que se siente en cada familia cubana. Según el más reciente informe del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba presentado ante Naciones Unidas, solo entre marzo de 2025 y febrero de 2026, el bloqueo estadounidense causó pérdidas por 8.083,3 millones de dólares, la cifra más alta de la historia. Un 7% más que el año anterior. El daño acumulado en más de seis décadas asciende a 178.700 millones de dólares. Esto significa que, sin el bloqueo, el PIB cubano de 2025 habría sido 10,8% mayor. Una brecha enorme que podría haberse destinado a mejorar la vida del pueblo y desarrollar la economía.
Solo por temor a las sanciones secundarias de Estados Unidos, las principales cadenas hoteleras abandonaron sus operaciones de turismo en una isla que depende de ese rubro como baluarte económico; 34 bancos internacionales suspendieron o rechazaron transacciones con Cuba entre 2025 y 2026. Más de 7.000 contenedores —llenos de alimentos, medicamentos y equipos médicos, ya pagados y contratados— quedaron atrapados en puertos sin poder llegar a Cuba, solo porque las navieras temían represalias estadounidenses. No son artículos de lujo: son cosas que salvan vidas.
El costo más doloroso de todo esto es la vida misma del pueblo cubano. La tasa de mortalidad infantil en Cuba pasó de 4 por mil en 2018 a 9,9 por mil en 2025.
Por todo esto, la relatora especial de la ONU sobre los efectos de las medidas coercitivas unilaterales en los derechos humanos, Alena Douhan, tras visitar el país, concluyó que el bloqueo tiene un «impacto devastador» sobre el pueblo cubano y constituye una violación del derecho internacional. La realidad es que los bloqueos no buscan presionar a los gobierno, son castigos colectivos contra los pueblos.
El carácter cubano que responde a la privación con entrega
Frente a un cerco tan asfixiante que luego de más de seis décadas se agudiza aún más, la elección de Cuba define su alma. La «Brigada Blanca» navega hacia donde se la necesita. El Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias «Henry Reeve» —conocido en el mundo como la «Brigada Blanca»— acudió a decenas de países durante la pandemia de COVID-19, llegó primero a los escenarios de desastres naturales y ayudó a construir sistemas de salud en África, América Latina y las islas del Pacífico. El presidente de Timor-Leste, Ramos-Horta, declaró públicamente que Cuba envió cientos de profesionales de la salud, formó generaciones enteras de médicos y, mediante el programa de alfabetización «Yo Sí Puedo», enseñó a leer y escribir a miles de ciudadanos. Fue categórico: un país conocido por exportar médicos, maestros y ayuda humanitaria no debería figurar en la lista de «Estados patrocinadores del terrorismo».
El internacionalismo cubano no es consigna, es carne y sangre. El Comandante Fidel Castro dijo una vez: «Nuestra revolución no solo ha triunfado y se ha consolidado, sino que es capaz de ayudar a que otras revoluciones de otros pueblos triunfen y se consoliden». Los médicos cubanos establecieron en Kiribati, un pequeño país del Pacífico, un sistema de salud de cobertura nacional y formaron a 38 estudiantes locales que fueron a estudiar medicina a Cuba. Esa ayuda no conlleva condiciones, solo un sentimiento sencillo, porque nosotros también fuimos despojados, sabemos lo que significa el despojo.
Los 32 cubanos muertos junto a casi un centenar de soldados venezolanos, defendiendo la soberanía venezolana el pasado 3 de enero de 2026, son un gran ejemplo de esa voluntad de sostener al otro en medio de la escasez que el bloqueo no ha logrado arrebatar. Tras el terremoto del 24 de junio en Venezuela, también el equipo de rescatistas enviados por Cuba, trabajó día y noche en La Guaira, mientras otros equipos más famosos en las redes sociales, se retiraban. Una frase común en la mayor de las Antillas es que el pueblo cubano comparte lo que tiene, no lo que le sobra.
La responsabilidad del mundo. La solidaridad eficaz es justicia
164 países votaron en la Asamblea General de la ONU a favor de poner fin al bloqueo, por trigésima tercera vez consecutiva. Ese número es, en sí mismo, un veredicto, el bloqueo no se sostiene en el derecho internacional y está completamente aislado en el plano moral.
Pero votar no basta. Cuando a pesar del bloqueo y las amenazas algunos países se comprometen a aumentar la ayuda para aliviar la crisis humanitaria cubana, cuando Vietnam por ejemplo, llama en la ONU a que la comunidad internacional «apoye las necesidades materiales y de desarrollo más urgentes de Cuba», el mundo está enviando una señal, Cuba no es una isla sola.
El presidente cubano Díaz-Canel ha dicho: «Cada expresión de apoyo internacional, cada gesto de solidaridad, es una semilla que hace más firme nuestra convicción». Ante la escalada de amenazas militares y el recrudecimiento de la asfixia económica, la voz de las fuerzas revolucionarias o progresistas del mundo no son un gesto prescindible, deben ser una política y un quehacer permanente.
La solidaridad verdadera es negarse a callar. Es exigir a los propios gobiernos que no colaboren con la aplicación extraterritorial de las leyes estadounidenses, es romper ese bloqueo con todos los medios posibles como las flotillas que han partido desde México con internacionalistas y ayuda de toda Nuestra América. Es apoyar el internacionalismo médico cubano que se sostiene a pesar de todo esto, cada cooperante en Venezuela, por ejemplo, debe recibir nuestro apoyo y cariño cotidiano.
Cuando los bloqueos se han masificado como arma de agresión imperialista contra todos los países que se le insubordinan, Cuba merece que el mundo entero esté a su lado, y que los pueblos nos sintamos obligados a romper ese cerco criminal, porque ciertamente: Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí.
