Etiopía, la paz que nadie quiso sostener

Guerra en el norte, patronazgo emiratí y disputa por el Mar Rojo en el Cuerno de África.

El 22 de septiembre de 2026 drones del ejército federal etíope golpearon dos escuelas en Alamata, en el sur de Tigray, y dejaron al menos catorce civiles muertos y veintidós heridos. A la mañana siguiente la Fuerza de Defensa de Tigray tomó los aeropuertos de Mekelle, Axum y Shire, abrió frentes en Afar y en el norte de Amhara, y Ethiopian Airlines suspendió todos sus vuelos a la región. El Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF) habló de una guerra defensiva frente a una invasión abierta. Getachew Reda, que hasta 2025 encabezaba la administración interina de Tigray y hoy asesora al primer ministro Abiy Ahmed, denunció una ofensiva total contra posiciones federales. Las dos versiones pelean por el origen de los disparos y coinciden en lo esencial. El Acuerdo de Pretoria, que en noviembre de 2022 cerró una guerra cuyo costo la Unión Africana estima en hasta seiscientas mil vidas, ya no ordena nada.

La novedad está en la coalición. El 20 de septiembre siete movimientos armados anunciaron la Alianza de Fuerzas Populares Etíopes por la Supervivencia, que el jefe del estado mayor, el mariscal Birhanu Jula, llama por su nombre local, Tsimdo. La integran el TPLF, el Movimiento Nacional Fano de Amhara, el Ejército de Liberación Oromo, una facción del Frente Nacional de Liberación del Ogadén y organizaciones de Afar, Benishangul y Gumuz. Varios de estos grupos se mataron entre sí hace cuatro años. Fano combatió junto al ejército federal y a Eritrea contra Tigray, y la administración amhara controla desde 2020 el Tigray occidental, cuya pertenencia sigue abierta. El programa que los une es corto. Quieren remover lo que llaman el régimen personalista de Abiy, instalar un gobierno de transición, abrir un diálogo constitucional y llegar a elecciones. Mohamed Kheir Omer, investigador del Cuerno, advirtió que la alianza funciona mientras nadie toque las cuestiones de fondo, y que esas cuestiones van a poner a prueba bases sociales con expectativas muy distintas.

La guerra que empieza no repite la de 2020. Aquella fue la campaña de un Estado central, sostenido por el ejército eritreo, las milicias amharas y los drones de Emiratos Árabes Unidos, contra una región aislada. Esta enfrenta a un gobierno que acaba de ganar 438 bancas en unas elecciones de las que Tigray quedó excluido contra una periferia armada que rodea el núcleo del país por el norte, el oeste y el sur. Y ocurre en un Cuerno de África donde cada fractura interna tiene un patrocinador externo esperando. Etiopía quedó adentro de la disputa entre Abu Dabi y el bloque que articulan Riad, El Cairo, Ankara y Asmara, con Washington buscando posiciones en el Mar Rojo mientras dura la guerra con Irán y con Moscú tratando de no perder a ninguno de sus socios. Leída desde ahí, la crisis etíope es un caso de caotización de un Estado grande, funcional a quienes necesitan puertos y corredores logísticos en la ribera africana del Mar Rojo y no necesitan una Etiopía cohesionada ni una Eritrea soberana.

Pretoria, un acuerdo con los enemigos afuera

El Acuerdo de Cese Permanente de Hostilidades se firmó en Pretoria el 2 de noviembre de 2022, bajo un panel de la Unión Africana encabezado por el expresidente nigeriano Olusegun Obasanjo. Establecía el fin permanente de los combates, el desarme, la desmovilización y la reintegración de las fuerzas tigriñas, un diálogo político y el regreso de los desplazados. Su artículo 7 obligaba al TPLF a abstenerse de reclutar, entrenar, desplegar o movilizar fuerzas y de cualquier preparativo para una nueva guerra. Del lado federal quedaban la restitución de los servicios bancarios, eléctricos y de telecomunicaciones, el retiro de la designación terrorista del TPLF, una administración interina inclusiva hasta nuevas elecciones y la salida de Tigray de las fuerzas extranjeras y de las que no pertenecieran al ejército nacional. Los territorios en disputa quedaban remitidos a la Constitución, es decir, a una negociación futura.

El defecto de origen estaba en la mesa. Firmaron dos de los cuatro contendientes. Ni Eritrea ni las fuerzas amharas, que habían peleado del lado federal, fueron parte del acuerdo, y ambas terminaron enfrentadas con Addis Abeba. Isaias Afewerki leyó Pretoria como una traición a la alianza anti-TPLF que había sellado con Abiy. En Amhara, la cláusula sobre fuerzas externas significaba perder el Tigray occidental, y la decisión federal de disolver las fuerzas especiales regionales en 2023 terminó de encender la insurgencia Fano. Faisal Roble, analista regional y miembro del Parlamento de África Oriental, lo resumió diciendo que Abiy alienó a todos, a cada uno en distinto grado. Pretoria apagó una guerra y encendió otras dos.

El Rift Valley Institute, en su análisis de marzo de 2026 sobre Tigray después de Pretoria, describe el mecanismo con precisión. El acuerdo no resolvió disputas centrales como el estatus final del Tigray occidental y las postergó hacia un diálogo que nunca llegó. Congeló las líneas del frente. Convirtió la guerra en una posguerra cargada de problemas de implementación, y esa posguerra tenía fecha de vencimiento.

Por qué se rompió

La responsabilidad principal recae sobre el gobierno federal, y lo dicen voces etíopes que no tienen simpatía por el TPLF. Alemayehu Weldemariam, profesor de derecho en la Universidad de Indiana, sostuvo que buena parte de las cláusulas del cese de hostilidades fueron saboteadas por el propio gobierno, que mantuvo restricciones sobre el combustible y el efectivo y nunca conformó la administración interina que el acuerdo prometía. Lo transitorio se volvió permanente. El TPLF agrega que los desplazados no volvieron, que los territorios en disputa no fueron restituidos y que el presupuesto regional fue recortado. Ethiopia Insight fue más lejos en mayo de 2026 y acusó a la Unión Africana de haber convertido Pretoria en un escudo de Abiy. Fuerzas ajenas al ejército federal siguen ocupando territorio tigriño y los desplazados no pueden regresar. Las protecciones que debían acompañar el desarme de la TDF nunca llegaron. Washington y Bruselas, que durante la guerra habían usado amenazas de sanciones y la exclusión de Etiopía del AGOA para empujar a Abiy a negociar, soltaron la presión una vez firmado el papel.

La segunda falla fue interna al propio Tigray. Desde 2024 el TPLF se partió entre Getachew Reda, que defendía el acuerdo desde la administración interina, y el presidente del partido, Debretsion Gebremichael, cada vez más hostil al orden surgido de Pretoria. En agosto de 2024 la Junta Electoral Nacional cuestionó la condición legal del TPLF como partido, y Debretsion lo denunció como una violación del acuerdo. En marzo de 2025 su facción tomó oficinas en Mekelle y Getachew salió hacia Addis Abeba. The Guardian recogió versiones que atribuían a la inteligencia eritrea un papel en esa toma. Getachew pasó a asesorar a Abiy y fundó un partido propio. Lo reemplazó el teniente general Tadesse Werede, a quien Abiy extendió el mandato por un año a partir del 9 de abril de 2026. El TPLF respondió restaurando el consejo regional de preguerra, que el 5 de mayo eligió presidente a Debretsion con un voto en contra y tres abstenciones. Tadesse habló del comienzo de una fase peligrosa y destructiva. Desde entonces Tigray tuvo dos gobiernos, uno reconocido por Addis y otro con el control efectivo de Mekelle.

Addis Abeba jugó también en ese tablero. El TPLF acusó al gobierno federal de financiar a la Fuerza de Paz de Tigray, un desprendimiento de exmiembros de la TDF que opera en el límite con Afar y que en los choques de fines de enero de 2026 combatió del lado federal. La fragmentación tigriña fue alimentada desde el centro y después exhibida como prueba de que Tigray no estaba en condiciones de reintegrarse.

La tercera falla tiene nombre de puerto. Desde 2023 Abiy convirtió el acceso al mar en causa nacional y le puso dirección, Assab, a unos sesenta kilómetros de la frontera etíope. En septiembre de 2025 dijo que era cuestión de tiempo que Etiopía recuperara ese puerto eritreo y calificó de error histórico su pérdida tras la independencia de Eritrea en 1993. En octubre pidió mediación internacional y habló de un asunto de supervivencia. En febrero de 2026 afirmó ante el Parlamento que Etiopía y el Mar Rojo no pueden seguir separados para siempre, y ese mismo mes presidió un desfile militar bajo un cartel que prometía que el país dejaría de estar encerrado, le gustara a quien le gustara. El canciller eritreo Osman Saleh ya había calificado esas pretensiones de equivocadas y anacrónicas. El 3 de febrero Addis acusó formalmente a Eritrea de matanzas masivas durante la guerra de Tigray, crímenes que durante la alianza de 2020 se habían minimizado. Las masacres eritreas en Axum o en Sheraro existieron. Su denuncia tardía responde a la geopolítica y no a la justicia.

El resultado fue una inversión completa de alianzas. Isaias, que en 2020 había entrado a Tigray junto al ejército etíope, se acercó a la facción de Debretsion y a los insurgentes amharas. Según Foreign Policy, funcionarios eritreos, del TPLF y de las milicias amharas se reunieron a fines de 2025 en territorio sudanés, y en mayo de 2026 figuras de los grupos hoy aliados participaron en Port Sudan de un encuentro presentado como iniciativa entre pueblos. El gobierno etíope sostiene que Asmara financia a la nueva coalición y Eritrea lo niega. En agosto, un análisis publicado en The Conversation África puso el dedo en la llaga. La disputa por Assab convirtió el acuerdo de Tigray en un arma política, y la exclusión de Tigray de las elecciones del 1 de junio aumentó el valor de las armas para dirigentes que ya no tenían cómo negociar en el Parlamento. Las autoridades federales, a su vez, usaron ese poder armado como prueba de que Tigray no estaba listo para volver.

La cuarta falla viene del oeste. La guerra sudanesa, abierta en abril de 2023, se metió en Etiopía por la frontera de Benishangul-Gumuz. En febrero de 2026 Reuters reveló un campo militar secreto en esa región, con capacidad para diez mil personas, donde según ocho fuentes se entrenaban miles de combatientes para las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), con financiamiento, instructores y logística atribuidos a Emiratos. Jartum acusó a Etiopía de permitir que desde su suelo se lanzaran drones contra el estado del Nilo Azul y, en mayo, contra el aeropuerto de Jartum, y retiró a su embajador. Addis respondió que el ejército sudanés arma a mercenarios del TPLF en la frontera occidental. El jefe del ejército sudanés, Abdel Fattah al Burhan, visitó Asmara dos veces desde julio, mientras Hemedti, comandante de las FAR, habría estado en Addis a fines de agosto. Las dos guerras quedaron soldadas.

La secuencia de 2026 muestra cómo se fue cerrando el margen. Choques a fines de enero en el noroeste de Tigray. Drones sobre Raya Azebo. La restauración del consejo tigriño en mayo. Una batalla de varias horas cerca de la frontera sudanesa el 1 de agosto, la más seria desde 2022, y a fines de ese mes ataques con drones sobre Mekelle, incluido uno del 20 de agosto contra un complejo civil sin objetivo militar visible que dejó trece heridos. En junio Obasanjo había viajado a Mekelle para hablar de cómo evitar el regreso a la guerra. La visita no alteró nada. El TPLF de Debretsion eligió además aliarse con el régimen cuyo ejército cometió algunas de las peores matanzas contra tigriños, y esa decisión dice bastante sobre el grado de instrumentalización mutua que atraviesa a todos los actores. Getachew lo aprovechó para burlarse de un partido que declara muerto Pretoria y se asocia con los mismos que rompieron con Addis precisamente porque Pretoria se había firmado.

Un mapa de soberanías superpuestas

Tigray está bajo control efectivo del TPLF, que maneja Mekelle y desde el 23 de septiembre los aeropuertos. Pero Tigray no es un bloque. El Tigray occidental, la franja fértil de Welkait, Tsegede y Kafta Humera que linda con Sudán, está en manos de la administración amhara desde noviembre de 2020, cuando Fano y las fuerzas especiales regionales la ocuparon y crearon la zona de Setit-Humera. Es la tierra que hoy separa a dos socios de la misma alianza. Balema, miembro del comité central del TPLF, admitió que la disputa sigue abierta y que los aliados acordaron tratarla por la vía del diálogo. En el sur, Raya y Alamata son reclamadas por ambas partes, y hacia el 27 de septiembre las tropas federales se acercaban a la ciudad de Alamata. En el noreste, soldados eritreos volvieron a ocupar en septiembre de 2023 zonas de Irob y Gulo Mekeda que el ejército federal había dejado vacías para redesplegarse contra Fano.

Los combates de la última semana dibujan el mapa de la ofensiva. En Afar se pelea alrededor de Abala, cabecera de distrito que según reportes locales cayó en manos tigriñas y que el ejército intenta recuperar. En Amhara hubo choques en Gazgibela, en la zona de Wag Hemra, y en Gidan, Lasta y Raya Kobo, en Wollo del Norte, con enfrentamientos cerca de Lalibela y a lo largo del eje Kobo-Tumuga, donde la TDF pelea junto a Fano. El 24 de septiembre se abrió un frente nuevo sobre el río Tekezé, en el Tigray occidental. El ejército federal dice haber matado a 272 combatientes tigriños en Wollo del Norte. Del lado federal combaten, además del ejército, la Fuerza de Paz de Tigray, la policía antidisturbios amhara y milicias locales. El viernes 25 se cortó internet en todo el norte, un día después de que la ONU se declarara alarmada por el uso de drones contra civiles. Sobre ese fondo, Birhanu Jula anunció el 27 que el ejército prefiere una calma estratégica a una confrontación de gran escala, con el argumento de que el apoyo popular al TPLF se erosiona y su dirección está dividida.

El resto del país tampoco está en calma. En Amhara la insurgencia Fano, abierta en 2023, se unificó en enero de 2026 en el Movimiento Nacional Fano de Amhara bajo el mando de Zemene Kassie y domina buena parte del campo. En 2024 llegó a tomar Metemma, sobre la frontera sudanesa, y a entrar en Gondar. Las elecciones de junio no pudieron celebrarse en partes de la región. En Oromia el Ejército de Liberación Oromo sostiene una guerra de baja intensidad desde que su ala armada quedó fuera del regreso negociado del Frente de Liberación Oromo en 2018, y su jefe, Jaal Marroo, describió la alianza como un consenso de procedimiento más que un acuerdo de fondo sobre el futuro del país. En la región Somalí una facción exterior del ONLF declaró nulo el acuerdo de paz de 2018, aunque la dirección que opera dentro del país niega haberse sumado. En Benishangul-Gumuz conviven los movimientos locales de la alianza con el campo de entrenamiento de las FAR. Y Tigray ya tenía, antes de esta escalada, cerca de tres cuartos de millón de desplazados internos según la Organización Internacional para las Migraciones.

El Estado etíope conserva las ciudades, la aviación, los drones y el control del corredor hacia Yibuti. La periferia armada controla el campo en varias regiones y ahora tiene, por primera vez desde 2021, una estructura política común. Ninguna de las dos cosas alcanza para ganar.

Abu Dabi y la arquitectura del patronazgo

Ningún actor externo pesa hoy tanto sobre Etiopía como Emiratos Árabes Unidos. Su lugar se ganó en la guerra anterior. El puente aéreo emiratí y los drones que llegaron a Etiopía entre 2021 y 2022 frenaron el avance del TPLF sobre Addis Abeba y lo empujaron a negociar, algo que reconoce incluso el Critical Threats Project del American Enterprise Institute. El portal árabe Noon Post, en una investigación de julio de 2026, describe el vínculo como una pirámide de capas. Primero el dinero, después los drones, luego una capa económica y logística hecha de inversiones de Masdar en energía solar, proyectos agrícolas e inmobiliarios y corredores que conectan la economía etíope con puertos operados por empresas emiratíes en el Mar Rojo y el golfo de Adén. La cuarta capa llegó en junio de 2026, con un memorando entre la Academia Diplomática Anwar Gargash y el Instituto de Asuntos Exteriores de Etiopía firmado en Addis durante el diálogo regional Hili entre Emiratos y África. Es la formación misma de los diplomáticos etíopes. Según Noon Post, Abiy quedó convencido de que la supervivencia de su gobierno es una deuda contraída con Abu Dabi.

El proyecto emiratí para Etiopía tiene forma de corredor. DP World controla el 51 por ciento de la concesión del puerto de Berbera, en Somalilandia. Etiopía tuvo un 19 por ciento que perdió por no cumplir las condiciones de inversión. En junio de 2025 Abu Dabi firmó un acuerdo de tres mil millones de dólares para un ferrocarril entre Berbera y Aysha, ya en territorio etíope. En enero de 2024 Abiy había firmado con Somalilandia un memorando de acceso al mar a cambio de un camino hacia el reconocimiento, que desató la furia de Mogadiscio, El Cairo y Asmara. Ese memorando quedó en suspenso tras la Declaración de Ankara de diciembre de 2024, pero el 26 de diciembre de 2025 Israel se convirtió en el primer Estado miembro de la ONU en reconocer a Somalilandia. Emiratos se negó a firmar la declaración árabe e islámica que condenaba ese paso, y el 12 de enero de 2026 Somalia canceló los acuerdos portuarios sobre Berbera, Bosaso y Kismayo y la cooperación de defensa con Abu Dabi. La Fundación para el Dominio de los Desafíos Estratégicos, de Francia, habla desde entonces de un eje de Berbera formado por Israel, Emiratos y Etiopía, frente a un eje de Mogadiscio que integran Somalia, Turquía, Egipto y Arabia Saudita. Israel mantiene además con Etiopía un acuerdo de cooperación de inteligencia firmado en 2020 entre el Mossad y el servicio de seguridad etíope.

En Sudán la convergencia es más cruda. Expertos de la ONU, Amnistía Internacional y Human Rights Watch señalan a Emiratos como sostén de las FAR, acusadas de crímenes masivos en Darfur. Emiratos lo niega, igual que Etiopía niega su papel de retaguardia. En enero de 2026 Middle East Eye y Addis Standard siguieron vuelos de carga vinculados a Emiratos hacia la base de Harar Meda, principal asiento de la fuerza aérea etíope, y en febrero apareció el campo de Benishangul-Gumuz. El oro sudanés, que Abu Dabi convirtió en pieza de su estrategia para ser plaza mundial del metal, explica buena parte del interés. El portal etíope Zehabesha tituló su análisis sobre el tema con la expresión oro de sangre y reclamó dirigentes capaces de poner las vidas africanas por encima del oro y de la aprobación de patrones ricos.

Desde Asmara le pusieron nombre. El 12 de septiembre de 2026, en una entrevista con Middle East Eye, Osman Saleh acusó a Emiratos de practicar un imperialismo portuario en África. Dijo que Abu Dabi tiene instalaciones portuarias en toda la región y que los africanos deben preguntarse por qué, porque la explicación económica no alcanza. Recordó que Eritrea rechazó a DP World y que no acepta que ninguna potencia extranjera tenga un centro de operaciones en su territorio, y preguntó por qué Israel necesita una base en Somalilandia. Versiones recogidas por la prensa regional agregan que Asmara decidió cortar relaciones con Israel por esa misma preocupación. La categoría tiene detractores, sobre todo en la oposición eritrea exiliada, que la considera propaganda de una dictadura que dejó a Massawa convertida en ciudad fantasma. La crítica al régimen de Isaias es legítima. Pero la cadena de concesiones existe y tiene historia. Emiratos operó una base militar en Assab entre 2015 y 2019 para la guerra de Yemen, Yibuti le canceló una concesión a DP World en 2018, Sudán anuló en 2022 un puerto de seis mil millones que iba a construir AD Ports, y Berbera combina hoy terminal comercial con huella militar. Lo que el concepto describe es la transferencia de soberanía logística africana a una monarquía del Golfo que opera en sociedad con Israel y ocupa espacios que Washington prefiere no administrar de manera directa. Es una forma de redespliegue por delegación.

El factor que terminó de reorganizar el tablero fue la ruptura entre Arabia Saudita y Emiratos, abierta con los choques entre fuerzas respaldadas por cada uno en Yemen en diciembre de 2025. En julio de 2026 Riad reunió a catorce países, Egipto, Yibuti, Sudán y Somalia entre ellos, en una Alianza Multinacional de Defensa Marítima de la que quedaron fuera Emiratos y Etiopía. The Soufan Center anticipaba en agosto que, ante una nueva guerra en Tigray, Arabia Saudita, Egipto, Eritrea, el gobierno federal somalí y el ejército sudanés tenderían a alinearse con el TPLF, mientras Emiratos y las FAR quedarían del lado del ejército etíope. En su dimensión externa, la guerra civil etíope se volvió un frente más de la disputa entre las dos monarquías por la ribera africana del Mar Rojo.

Occidente, entre los derechos humanos y la geometría del estrecho

Estados Unidos es el actor más incoherente de esta historia, y su incoherencia tiene lógica. En septiembre de 2021 Joe Biden firmó la Orden Ejecutiva 14046, que declaró una emergencia nacional por la crisis en el norte de Etiopía y permitió sancionar a las Fuerzas de Defensa de Eritrea, al partido gobernante eritreo, el PFDJ, a la Red Sea Trading Corporation y al Hidri Trust. Junto con la exclusión de Etiopía del AGOA en 2022, fue parte de la presión que llevó a Pretoria. El 17 de septiembre de 2026 la administración Trump dejó vencer esa emergencia y al día siguiente la OFAC borró de su lista a esas entidades y a dos altos funcionarios eritreos. Cinco días después Tigray estaba en guerra. El Horn Review subrayó que técnicamente las sanciones expiraron y no fueron levantadas, y que sigue vigente la designación Magnitsky contra el general eritreo Filipos Woldeyohannes. El demócrata Gregory Meeks dijo que retirar las sanciones en ese momento enviaba exactamente la señal equivocada.

Washington castigó al mismo tiempo al otro lado. En junio de 2026 el Departamento de Estado de Marco Rubio impuso restricciones de visa a miembros del ala dura del TPLF y a sus familias. El 23 de septiembre el embajador Ervin Massinga culpó al TPLF por la ofensiva, recordó que Estados Unidos ya había sancionado a su dirigencia y avisó que tiene herramientas para sancionar a otros líderes. Rehabilita a Asmara y castiga a Mekelle en la misma semana. La contradicción se resuelve mirando el mapa. Con el estrecho de Ormuz bloqueado por la guerra con Irán y Arabia Saudita desviando unos cuatro millones de barriles diarios hacia su puerto de Yanbu, según Responsible Statecraft, los más de mil kilómetros de costa eritrea frente al territorio hutí valen más que cualquier informe sobre Axum. La normalización con Eritrea avanzó con mediación egipcia, y Massad Boulos, asesor de Trump para África, se reunió con Osman Saleh en El Cairo el 19 de julio. Después negó cualquier acuerdo secreto con Eritrea contra otro socio regional. The Africa Report advirtió que Washington puede quedar atrapado entre el eje Egipto-Somalia-Eritrea y la asociación de Etiopía con Somalilandia e Israel. En septiembre los hutíes avanzaron posiciones armadas en torno a Bab el Mandeb. Es el redespliegue estadounidense en estado puro, una potencia que elige costas antes que Estados.

Europa juega un papel secundario y más gris. La Unión Europea, el Reino Unido y Estados Unidos emitieron en febrero de 2026 llamamientos conjuntos a la contención, y diplomáticos británicos y australianos acompañaron a Obasanjo a Mekelle en junio. Donde Occidente actúa con decisión es en las finanzas. En julio de 2024 el banco central etíope dejó flotar el birr, exigencia del FMI para aprobar un programa de 3.400 millones de dólares. Africa Is a Country recordó que esa devaluación encareció en moneda local el combustible importado, los alimentos, los medicamentos y las deudas en divisas. Francia y China copresiden el comité de acreedores oficiales, que en enero de 2026 rechazó un primer arreglo con los tenedores de bonos por considerarlo demasiado generoso con ellos. El acuerdo de junio impuso una quita del 12 por ciento sobre el eurobono de mil millones en default desde diciembre de 2023, con un nuevo bono de 880 millones y los intereses atrasados pagados completos a un comité de fondos estadounidenses y europeos que controla cerca del 45 por ciento de los títulos. El FMI completó su quinta revisión en julio y celebró exportaciones y recaudación en alza, con reservas que apenas cubren dos meses de importaciones.

El contraste es elocuente. El Estado que el FMI presenta como caso de reforma exitosa, con un crecimiento que el gobierno proyecta por encima del 10 por ciento para 2026, es el mismo que libra guerras simultáneas en Tigray, Amhara, Afar y Oromia y bombardea escuelas con drones. El programa de estabilización y la militarización del conflicto avanzan en paralelo sin tocarse, porque para los acreedores la variable relevante es la cuenta corriente y la integridad territorial es asunto de otros. La financiarización del vínculo con Occidente convive sin problemas con la guerra. La Etiopía de Abiy también se corrió hacia Israel. The Canary señaló que su delegación fue una de las pocas que respaldó el discurso de Netanyahu ante la Asamblea General de 2026, lejos de la tradición etíope de voto propalestino.

Moscú, amigo de las dos orillas

Rusia sostiene con Etiopía una relación que Abiy describe en términos casi fundacionales. En la cumbre de los BRICS en Nueva Delhi, el 12 y 13 de septiembre de 2026, Putin se reunió con él acompañado de una delegación que incluía al canciller Serguéi Lavrov y al director del Servicio Federal de Cooperación Técnico-Militar, Dmitri Shugáyev. Según el periodista ghanés Kester Kenn Klomegah, Abiy dijo que Etiopía no estaría en los BRICS sin Moscú y recordó que más de veinte mil etíopes se formaron en Rusia. El eje material es nuclear. En septiembre de 2025 Rosatom y la Corporación Eléctrica Etíope firmaron en Moscú un plan de acción para la primera central del país, con dos unidades de unos 1.200 megavatios previstas entre 2032 y 2034, y Putin y Abiy retomaron el tema por teléfono en marzo de 2026. Fuentes rusas describen a Etiopía como uno de los países africanos más interesados en la cooperación técnico-militar, con buena parte de su equipamiento de origen soviético o ruso a la espera de modernización.

Moscú también cultiva a Asmara. Eritrea fue el único país africano que votó en marzo de 2022 contra la resolución de la Asamblea General que exigía la retirada rusa de Ucrania. En enero de 2023 Lavrov habló en Asmara del potencial logístico del puerto y del aeropuerto de Massawa, que ese mismo año firmó un memorando de hermanamiento con Sebastopol, y desde entonces circulan versiones sobre una base naval rusa en Massawa o en el archipiélago de Dahlak. La ironía histórica es evidente. La Unión Soviética tuvo una base en la isla de Nokra, en Dahlak, cuando esas aguas eran etíopes, y la abandonó en 1991 bajo el fuego del frente que conducía el mismo Isaias. Con el proyecto de base en Port Sudan congelado por la guerra sudanesa, Eritrea es para Rusia la opción más firme en el Mar Rojo.

La cancillería rusa fijó posición el 25 de septiembre. María Zajárova expresó preocupación por los enfrentamientos en Tigray, Afar y Amhara, llamó a respetar el alto el fuego y el acuerdo de Pretoria y advirtió contra la injerencia externa. El lenguaje fue revelador, porque habló de grupos armados tigriños ilegales. Moscú se ubica, igual que en 2021 cuando suavizó en el Consejo de Seguridad los textos que buscaban presionar a Addis, del lado de la soberanía del Estado etíope y de las soluciones africanas. Es una posición coherente con su doctrina y útil para Abiy. Su límite es otro. Rusia no tiene cómo contener a Emiratos ni a Eritrea, y una guerra abierta entre Addis y Asmara la obligaría a elegir entre el socio continental más poblado y la costa que necesita.

China, copresidente del comité de acreedores y constructora del ferrocarril Addis-Yibuti, se mueve con la prudencia de siempre. Privilegia la no injerencia y el cobro, y en abril de 2026 cerró su propio acuerdo de tratamiento de deuda con Etiopía. Pekín no aparece como parte de ninguno de los ejes del Mar Rojo, y esa ausencia también es una toma de posición.

El Cuerno como teatro de guerras ajenas

Egipto es el otro vértice que explica la ferocidad del cerco. La disputa por la Gran Presa del Renacimiento sobre el Nilo Azul, inaugurada en septiembre de 2025, convirtió a Etiopía en una amenaza existencial para El Cairo. Egipto firmó un pacto militar con Somalia, desplegó tropas en la misión de la Unión Africana, profundizó un diálogo de seguridad con Eritrea y, según el Critical Threats Project, cerró un acuerdo de inversión en Assab que le daría acceso naval. Riad estudió invertir en el mismo puerto para contrapesar a Emiratos. El puerto que Abiy reclama puede terminar con presencia egipcia y saudita. Addis acusa a El Cairo de sostener a Fano, algo que no está probado de manera independiente.

La dependencia etíope del corredor de Yibuti, por donde pasa alrededor del 95 por ciento de su comercio exterior con un costo que distintas fuentes ubican entre mil y mil quinientos millones de dólares anuales, quedó expuesta a una guerra nueva. El avance hutí de septiembre en torno a Bab el Mandeb empujó desplazados yemeníes hacia la costa yibutiana, y el Mar Rojo es ya zona de combate del conflicto con Irán. Cada escalada en el estrecho le da a Abiy argumentos para su tesis del encierro geográfico, y cada argumento sobre Assab alimenta en Asmara la certeza de que la próxima guerra será contra Eritrea.

Jawar Mohammed, dirigente opositor oromo, advirtió que Etiopía puede convertirse en un campo de batalla incongruente donde se diriman contiendas regionales, y que eso es imposible de controlar. La Unión Africana volvió a mandar a Obasanjo e IGAD pidió diálogo directo, mientras Getachew Reda repetía que la alianza no le quita el sueño. El nuevo Parlamento, elegido sin Tigray y sin buena parte de Amhara, se reúne en octubre para reelegir a Abiy por otros cinco años. Lo hará con el ejército peleando en cuatro regiones y con el aeropuerto de Mekelle en manos de las fuerzas que Pretoria debía desarmar.

Informe de situación

Este informe complementa el ensayo con una lectura esquemática de los actores, la secuencia de la ruptura y los escenarios posibles a corto plazo. La información corresponde a lo disponible al 27 de septiembre de 2026, en un contexto de corte de comunicaciones en el norte que limita la verificación independiente de los partes militares de ambos bandos.

Actores y alineamientos

Actor Alineamiento Interés central Instrumentos
Gobierno federal (Abiy Ahmed, Partido de la Prosperidad) Eje Emiratos-Israel; respaldo ruso y estadounidense a la soberanía estatal Centralización política, salida soberana al mar, desarme del TPLF y de Fano Ejército federal, drones, restricción de servicios, 438 bancas, programa del FMI
TPLF y Fuerza de Defensa de Tigray (Debretsion Gebremichael) Alianza Tsimdo; acercamiento a Eritrea y al ejército sudanés Autogobierno de Tigray, restitución del Tigray occidental, caída de Abiy Control de Mekelle y de los aeropuertos, ejército regional no desmovilizado
Movimiento Nacional Fano de Amhara (Zemene Kassie) Alianza Tsimdo Autonomía armada amhara, retención de Welkait y Raya Insurgencia rural con dominio de buena parte del campo amhara
Ejército de Liberación Oromo y facción exterior del ONLF Alianza Tsimdo con reservas Autodeterminación oromo y somalí Guerrilla en Oromia, presencia política en el exterior
Eritrea (Isaias Afewerki) Cerca de Egipto, Arabia Saudita y el ejército sudanés; normalización con EEUU Impedir el acceso etíope a Assab y debilitar a Abiy Tropas en zonas fronterizas de Tigray; apoyo a opositores según Addis, negado por Asmara
Emiratos Árabes Unidos Patrón de Addis, socio de Israel, sostén de las FAR Corredores y puertos, oro sudanés, contención de Riad Drones, financiamiento, DP World, AD Ports, Masdar
Arabia Saudita Frente al eje emiratí; respalda al ejército sudanés Seguridad de la ribera africana y de la ruta de Yanbu Alianza Multinacional de Defensa Marítima, diplomacia con Asmara
Egipto Eje con Eritrea y Somalia Contener a Etiopía por la presa del Nilo Pacto con Somalia, tropas en la misión de la UA, inversión en Assab
Sudán (ejército de al Burhan y FAR de Hemedti) El ejército con Eritrea y Egipto; las FAR con Emiratos y Addis Supervivencia en la guerra civil sudanesa Retaguardias cruzadas, drones, campos de entrenamiento
Israel Eje de Berbera Presencia sobre Bab el Mandeb Reconocimiento de Somalilandia, cooperación de inteligencia con Etiopía
Estados Unidos Doble juego entre Addis y Asmara Seguridad del Mar Rojo durante la guerra con Irán Vencimiento de la OE 14046, visas contra el TPLF, normalización con Eritrea
UE, FMI y acreedores Tutela financiera Estabilización macroeconómica y cobro Programa de 3.400 millones, reestructuración del eurobono
Rusia Socio de Addis y de Asmara Anclaje africano, BRICS, acceso al Mar Rojo Rosatom, cooperación técnico-militar, peso en el Consejo de Seguridad
China Fuera de los ejes Cobro de deuda e infraestructura Copresidencia del comité de acreedores
Turquía Eje de Mogadiscio Somalia y comercio del Mar Rojo Declaración de Ankara, presencia militar en Somalia
Unión Africana e IGAD Mediación Salvar el marco de Pretoria Panel de Obasanjo, llamados al diálogo

Cronología de la ruptura

Fecha Hecho
2 nov 2022 Firma del Acuerdo de Pretoria entre el gobierno federal y el TPLF, sin Eritrea ni las fuerzas amharas
mar 2023 Getachew Reda asume la administración interina de Tigray
abr a ago 2023 Disolución de las fuerzas especiales regionales y estallido de la insurgencia Fano
sep 2023 Tropas eritreas reingresan a Irob y Gulo Mekeda
ene 2024 Memorando Etiopía-Somalilandia sobre acceso al mar
jul 2024 Flotación del birr y programa del FMI por 3.400 millones
ago 2024 La Junta Electoral cuestiona el estatus legal del TPLF
dic 2024 Declaración de Ankara entre Etiopía y Somalia
mar y abr 2025 La facción de Debretsion toma oficinas en Mekelle; Getachew sale y lo reemplaza Tadesse Werede
sep 2025 Abiy dice que recuperar Assab es cuestión de tiempo; plan de acción nuclear con Rosatom; inauguración de la presa del Renacimiento
dic 2025 Choques entre fuerzas respaldadas por Riad y Abu Dabi en Yemen; Israel reconoce a Somalilandia
ene 2026 Somalia cancela acuerdos con Emiratos; vuelos de carga emiratíes a Harar Meda; choques en Tigray; unificación de Fano
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1 jun 2026 Elecciones generales sin Tigray; 438 bancas para el Partido de la Prosperidad
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17 y 18 sep 2026 Vence la OE 14046 y la OFAC retira de su lista a entidades eritreas
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22 y 23 sep 2026 Drones sobre escuelas de Alamata; la TDF toma los aeropuertos y abre frentes en Afar y Amhara
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Escenarios de corto plazo

El escenario más probable en las próximas semanas es una guerra de desgaste administrada desde Addis. El ejército contiene los frentes de Afar y Wollo, retoma posiciones en el sur de Tigray como Alamata, y apuesta a la combinación que conoce, drones, corte de comunicaciones y restricción de combustible y efectivo, mientras espera que las divisiones internas del TPLF y las contradicciones de la alianza hagan el resto. La calma estratégica anunciada por Birhanu Jula apunta en esa dirección. Su costo humanitario sería alto y su resultado político nulo, porque reproduce las condiciones que rompieron Pretoria.

El segundo escenario, de menor probabilidad inmediata y mayor impacto, es la fusión regional. Un choque directo entre Etiopía y Eritrea, ya sea en torno a Assab o en las zonas tigriñas ocupadas por tropas eritreas, uniría esta guerra con la sudanesa y llevaría al terreno la disputa entre Riad y Abu Dabi, con Egipto del lado eritreo. Los disparadores posibles son varios, entre ellos un ataque etíope sobre posiciones eritreas acusadas de abastecer a la alianza o un incidente fronterizo en el este de Tigray.

El tercer escenario es la fragmentación prolongada, una sudanización del conflicto. La alianza resiste pero no avanza sobre el centro, el Estado conserva las ciudades y los corredores, y el campo de Amhara, Tigray y parte de Oromia queda bajo control de fuerzas armadas con patrocinios externos cruzados. Etiopía seguiría existiendo como Estado reconocido y dejaría de funcionar como Estado territorial en buena parte de su superficie.

El cuarto escenario, hoy el menos probable, es una mesa ampliada. Sería la única salida que corrige el defecto de origen de Pretoria, porque tendría que sentar a Eritrea y a las fuerzas amharas, excluidas en 2022, y separar la cuestión del acceso al mar del expediente tigriño. Requeriría una Unión Africana con más autonomía que la mostrada hasta ahora y garantes externos dispuestos a presionar a sus propios aliados, algo que ni Abu Dabi ni Washington ni Riad parecen dispuestos a hacer.

Indicadores a seguir

La evolución militar se va a leer en Alamata y en el eje Kobo-Tumuga, que definen el control del sur de Tigray y la ruta hacia Wollo, y en el frente del Tekezé, donde la convivencia entre la TDF y Fano en el Tigray occidental será puesta a prueba. En el plano externo importan los vuelos de carga emiratíes hacia Harar Meda y Bahir Dar, cualquier movimiento de tropas en la frontera de Assab y Bure, las declaraciones de Riad y El Cairo, y la posible respuesta estadounidense con nuevas sanciones contra dirigentes de la alianza. En Addis, la sesión inaugural del Parlamento de octubre dirá si el gobierno opta por un estado de emergencia nacional. En Nueva York, las posiciones de Rusia y China en el Consejo de Seguridad van a marcar hasta dónde puede avanzar cualquier presión internacional sobre el gobierno federal.

Fuentes consultadas

Se priorizaron medios africanos, del Sur global y voces anticoloniales o críticas. Las fuentes institucionales y los medios occidentales se utilizaron para contrastar datos fácticos, y se identifican como tales.

Addis Standard (Etiopía). Cobertura sobre la restauración del consejo regional de Tigray, la visita de Obasanjo a Mekelle y los vuelos emiratíes a bases etíopes, enero a junio de 2026.

The Reporter Ethiopia (Etiopía). Declaraciones de Tadesse Werede y posición de la UA y la ONU sobre Pretoria, mayo de 2026.

Capital Ethiopia (Etiopía). Vencimiento del marco de sanciones de la OE 14046, septiembre de 2026.

Ethiopian News Agency (Etiopía, agencia estatal). Resultados oficiales de las elecciones del 1 de junio de 2026.

Ethiopia Insight. «The AU Turned Pretoria Into Abiy’s Shield», mayo de 2026.

Zehabesha (Etiopía, diáspora). Análisis sobre el oro sudanés, Emiratos y las FAR, agosto de 2026.

Geeska (Cuerno de África). Elección de Debretsion Gebremichael, mayo de 2026.

Horn Review. «Eritrea’s Sanctions Expired, Not Formally Lifted», septiembre de 2026.

Ministerio de Información de Eritrea. Entrevistas a Isaias Afewerki, julio de 2025, citadas por Crisis Group.

Osman Saleh, canciller de Eritrea. Entrevista con Middle East Eye sobre el imperialismo portuario emiratí, 12 de septiembre de 2026, recogida también por Hiiraan Online y UMD Media.

Sudan Tribune (Sudán). Denuncias sobre ataques con drones desde territorio etíope, marzo de 2026.

The Conversation África. Análisis sobre Assab y el acuerdo de Tigray (agosto de 2026) y sobre los Estados africanos del Mar Rojo ante el avance hutí (septiembre de 2026).

African Arguments. Artículos de Ngala Chome y otros sobre el reconocimiento israelí de Somalilandia, enero de 2026.

Africa Is a Country. «Ethiopia’s debt problem», julio de 2026.

Democracy in Africa. Análisis sobre el riesgo de guerra entre Etiopía y Eritrea, marzo de 2026.

People Daily (Kenia). Llamado de la UA al diálogo y nueva misión de Obasanjo, septiembre de 2026.

The EastAfrican (Kenia). Acuerdo de reestructuración con los tenedores del eurobono, julio de 2026.

Rift Valley Institute, Peace Research Facility. «Peace and Instability. Tigray since the Pretoria Agreement», marzo de 2026.

Noon Post (portal árabe). Investigación sobre la construcción de influencia emiratí en Etiopía, julio de 2026.

Al Jazeera. Coberturas de Faisal Ali y del equipo de la cadena sobre la alianza, la ofensiva y la posición del ejército, agosto y septiembre de 2026.

Kremlin. Registros de los encuentros Putin-Abiy de septiembre de 2025 y septiembre de 2026.

Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia. Comentario de María Zajárova sobre la escalada en el norte de Etiopía, 25 de septiembre de 2026.

Kester Kenn Klomegah, Eurasia Review. Reuniones de Putin con Sudáfrica, Etiopía y Egipto en la cumbre BRICS de Nueva Delhi, septiembre de 2026.

The Canary (Reino Unido, medio independiente). Eritrea como foco estadounidense e israelí, septiembre de 2026.

World Socialist Web Site. Reconocimiento israelí de Somalilandia y el corredor de Berbera, enero de 2026.

Responsible Statecraft. Normalización EEUU-Eritrea (mayo de 2026) y tensión Egipto-Etiopía (agosto de 2026).

Fuentes de contraste. International Crisis Group, Briefing 210 (febrero de 2026); The Soufan Center (agosto de 2026); Critical Threats Project (febrero de 2026); FMES, Francia (julio de 2026); Foreign Policy; Atlantic Council; The Africa Report; Reuters; AP; NPR; Human Rights Watch; OFAC, Departamento del Tesoro; Embajada de EEUU en Etiopía; FMI, quinta revisión del programa (julio de 2026).

Fuente: Huele a azufre 

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