“Nosotros nos quedamos con las propinas mientras otros se quedan con los negocios.” La frase refleja una paradoja que atraviesa la realidad panameña: un país que mueve el comercio mundial gracias al Canal interoceánico y a sus puertos, pero que no garantiza prosperidad a quienes sostienen esa maquinaria con su trabajo diario.
El Estado recibió más de 2.500 millones de dólares provenientes del Canal de Panamá en 2024. Los puertos privados, por ejemplo, los de Balboa y Colón, gestionan más de 7 millones de contenedores anualmente, lo que le permite a este país posicionarse como líder en conectividad marítima a nivel regional.
Las cifras son una razón para sentir orgullo nacional: Panamá es un punto clave para el comercio mundial. No obstante, tras esos números se oculta una desigualdad que no podemos pasar por alto.
Por otro lado, el 17 de diciembre (EFE), el Canal de Panamá reportó al fisco una contribución de 2.965 millones de dólares para el año fiscal 2025, un monto histórico que ocurre en medio de la incertidumbre que ha caracterizado al comercio internacional durante meses debido a la guerra comercial promovida por el Gobierno estadounidense.
Los trabajadores de servicios conexos, como los camareros, meseros, estibadores y transportistas, subsisten con sueldos mínimos o dependen de las propinas que apenas les sirven para satisfacer sus necesidades más elementales. El salario mínimo es de alrededor de 600 dólares al mes, pero el costo de vida en la capital lo sobrepasa con creces. La disparidad es clara: a pesar de que las multinacionales que trabajan en el área reportan ganancias millonarias, los empleados locales tienen que contar monedas para alcanzar el fin de mes.
Un modelo que transfiere al consumidor la responsabilidad de obtener un ingreso digno es lo que caracteriza la economía de las propinas. En vez de asegurar sueldos equitativos y estabilidad en el empleo, se confía en la ”buena voluntad” del consumidor. Es un sistema que perpetúa la precariedad y hace de la desigualdad algo normal: algunos amasan negocios, mientras que otros apenas subsisten con monedas sueltas.
Es imposible que Panamá continúe desconectando a su población de la prosperidad que produce. La dignidad en el lugar de trabajo demanda más que aplausos y discursos; necesita políticas públicas que garanticen sueldos equitativos, contratos estables y acceso a beneficios sociales. El Canal y los puertos continuarán siendo motores del mundo, pero la cuestión es si deseamos que nuestros empleados sigan moviendo únicamente su supervivencia.
”El Canal de Panamá: una riqueza a nivel mundial, pero localmente precaria”
Este título no debe ser un eslogan, sino un reclamo apremiante por la justicia social. El primer paso para que la riqueza de los puertos y del Canal se convierta en bienestar común es apreciar la importancia del esfuerzo humano. Sólo en ese momento podremos afirmar que Panamá no solamente enlaza océanos, sino también dignidades.
Para finalizar, es importante destacar la idea de Omar Torrijos Herrera acerca del empleo de los ingresos económicos del Canal, cuyos fundamentos eran la justicia social y el progreso nacional. Se enfocaba en invertir en salud, educación, vivienda y disminuir la pobreza para favorecer a las mayorías marginadas, convirtiendo así la riqueza geográfica en prosperidad colectiva.
Asimismo, los puntos principales del pensamiento torrijista: Combate de la pobreza: Torrijos afirmaba que los beneficios del Canal debían ser el motor para mejorar la vida de aquellos panameños más vulnerables. «Luces largas» (perspectiva a largo plazo): Promovía la inversión en infraestructura y estructuras, en lugar de soluciones a corto plazo, por ejemplo, la creación de represas para generar energía (nacionalización de recursos).
Inversión social: Los beneficios de la vía acuática debían financiar la educación y optimizar los servicios básicos, con el objetivo de erradicar la idea del Canal como una entidad externa. Desarrollo del país: Se esperaba que la soberanía del Canal resultara en un progreso económico equilibrado y autónomo para toda la nación. La meta de este enfoque era transformar los ingresos del canal en una herramienta para la dignidad nacional y la cohesión social.
¡Juntos trabajemos a favor de la paz y la convivencia pacifica!
