«Miren cómo redoblan los juramentos
Pero después del voto, doble tormento«
(Miren como sonríen, Violeta Parra)
Este 11 de marzo ha asumido la presidencia de Chile José Kast (hijo de un refugiado nazi y de familia con un rol activo en la represión dictatorial), gobierno que representa los sectores más reaccionarios y fieles al periodo de la dictadura militar (1973-1990), así transformándose en el sucesor de Gabriel Boric. Un detalle que parece casi sacado del manual más anquilosado de materialismo histórico soviético: después de una revuelta, la restauración contrarrevolucionaria de la mano de la socialdemocracia (en este caso, un insulso y desabrido intento de progresismo) abre el camino a los sectores más reaccionarios de la burguesía.
Pero vamos por parte: ¿qué representan, qué continuidades y rupturas hay entre uno y otro gobierno? Durante las primeras horas del gobierno de José Kast ha firmado una serie de decretos entre los cuales se encuentran; militarizar la frontera norte del país, una declaración para estrechar fuertemente su cooperación en minerales críticos y tierras raras en el territorio chileno, una instrucción orientada a resolver retrasos en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), entre otros puntos. Esto no es más que una continuidad al proyecto extractivista de desarrollo capitalista que ha mantenido Chile durante casi toda su existencia republicana. Gobiernos como el de Gabriel Boric solo han agudizado problemas estructurales como la improductividad, el extractivismo sumado a la carencia de derechos sociales precarios para las clases populares. Proyectos presentados por Boric como la Estrategia Nacional del Litio, se traducen en lucrativas rentas a sectores empresariales (específicamente SQM a cargo hijos y cercanos al dictador Pinochet) en desmedro de las clases populares, además de tener impacto medio ambiental incierto similares a los de Codelco. Sumando la aprobación del TPP-11 y mineras (como los Bronces o Comahue). Difícilmente existirá un desarrollo económico capitalista sustentable para el medio ambiente, las lógicas del capital nunca podrán estar al servicio de la comunidad y los territorios.
En el ámbito represivo, el gobierno de Gabriel Boric aprobó en promedio una ley represiva cada 38 días, el gobierno más punitivista desde la vuelta a la democracia. Si bien el último gobierno de Piñera militarizó el Wallmapu al sur de Chile, Boric perfeccionó y profundizó aquel estado de emergencia represiva cotidiana. Sólo faltaba la militarización del norte del país, lo que Kast viene a continuar.
La realidad material para el trabajador es crítica: el salario real está estancado desde 2021, ya que las alzas del sueldo mínimo apenas han logrado empatar la inflación. El mercado laboral muestra signos de agotamiento, golpeando especialmente a mujeres y jóvenes. Además, la Ley de 40 horas introdujo mecanismos de flexibilidad que favorecen al empleador. En definitiva, la política de «estabilización macroeconómica» de Boric parece estar diseñando un escenario de orden y garantías de inversión que terminará siendo capitalizado políticamente por José Antonio Kast.
En un pequeño y superficial análisis no basta mucho para observar que ambos son la cara de la misma moneda extractivista, represiva y despiadada del capitalismo. Ambos son complementarios, ambos son necesarios para reestructurar el capitalismo en crisis constante dentro de los límites nacionales de Chile. Pero aún así, hay ciertos grupos y sectores de una sensibilidad clasemediera de una izquierda inorgánica (tanto del mismo progresismo como cercanos a sectores de la ultraizquierda), que ven a José Kast como una situación de excepcionalidad, ha vuelto el fascismo, manifiestan con temor y miedo. Pero no ven que ese fascismo solamente es la vuelta a la reestructuración de la crisis del capital. El capitalismo es crisis. Necesita de ella. No tiene nada de extraordinario la vuelta del autoritarismo, es intrínseco a este modo de producción. Eso que llaman fascismo siempre estuvo reprimiendo en las poblaciones y a las comunidades mapuches, siempre estuvo devastando el territorio, siempre estuvo vigilando en las calles periféricas.
Eso que llaman fascismo, no es más que el efecto clase media de algunos sectores, que ven peligrar algunos de sus precarios privilegios. Solo basta con ver la experiencia argelina o africana durante su periodo como colonias europeas.