EXCLUSIVO. «Israel» y el monopolio del victimismo

No deja de sorprendernos el horror de los ataques sionistas —perpetrados por casi cinco meses contra el pueblo palestino, en la Franja de Gaza—, en donde hemos sido testigos de una brutalidad sin igual contra hombre y mujeres desarmados y, en el máximo de nuestra perplejidad, contra niños y niñas débiles por hambre.

Pero quizás lo que más sorprende es que el agresor se autodenomina como la víctima. Sus actos, según ellos, responden a la defensa propia.

La idea del monopolio del victimismo o el monopolio del exterminio es fundamental en la propaganda sionista en todos los niveles, esa idea además de reflejar la soberbia demuestra el supremacismo y la influencia del pensamiento colonial occidental.

Monopolio del victimismo

El proyecto sionista —elaborado por la burguesesía judía— utilizó la persecución practicada contra los judíos en la Europa oriental y el su sufrimiento que esto conllevaba para sus fines. Esta persecución fue la herramienta con la que los burgueses europeos desviaron la atención de las verdaderas causas de las crisis económicas de ese momento.

El Sionismo sedujo a los judíos más empobrecidos de Europa con la “esperanza” de proporcionar un refugio seguro para ellos —asumiéndose como una nación y no unas comunidades religiosas—. Les sembraron la idea de que ellos no podían integrarse a los países donde vivían y alimentaron, a la vez, actos en su contra para convencerles de esa aberrante hipótesis.

Es así como fueron moldeando generaciones de judíos convencidos de ser las «víctima» de los «gentiles».

El sionismo es una doctrina basada en los desastres que sufrieron los judíos en la Europa racista y que se nutre constantemente de la idea de puede ocurrirles de nuevo, en el futuro. Se alimenta del miedo al exterminio. El sionismo les prometió brindarles, en la Palestina ocupada (Israel), un hogar donde se gobernarían a sí mismos sin estar bajo el dominio de otros.

Los sionistas aprovecharon la persecución a la que fueron sometidos los judíos —especialmente en la Rusia zarista de finales del siglo XIX— para movilizar apoyo sobre la idea de un Estado judío en Palestina, dentro de las comunidades judías ya establecidas allí, sin importarles que rechazaban la ideología sionista. Esta propuesta cobró gran impulso tras la persecución nazi a la comunidad judía, durante la II Guerra Mundial.

Con el gran esfuerzo sionistas se estableció la idea de la víctima permanente, basado en la hipótesis de que el genocidio nazi fue una prueba práctica del rechazo del mundo hacia los judíos. Para ello se empezó a escribir la historia sobre la base del pre-genocidio y el post-genocidio. El miedo al exterminio se convirtió en uno de los fundamentos de la estrategia sionista.

Si bien me niego a que se derrame una sola gota de sangre de cualquier civil inocente, quisiera señalar que a pesar de los cincuenta millones de civiles que fueron víctimas de la II Guerra Mundial —entre ellos unos 18 millones soviéticos y 6 millones polacos— el enfoque global se dirigió sólo a las víctimas judías. Desde entonces se ha producido un proceso de monopolio del victimismo, de modo que en el imaginario solo se encuentran ellos como víctimas del Holocausto.

De este modo, los sionistas se presentan como la víctima perseguida y siempre amenazada; y, por lo tanto, tienen derecho a cometer cualquier atrocidad contra los “gentiles”, para preservarse.

—Y es extremadamente curioso que los sionistas, quienes dicen representar al pueblo judíos, son los que tienen las mejores relaciones con los europeos que los masacraron y acusan al resto del mundo (palestinos y árabes, africanos, asiáticos, latinos) de ser “antisemitas”, aunque estos nunca les persiguieron ni cometieron Holocaustos contra nadie—

Mentalidad abolicionista

Por otro lado, lo que profundiza la idea del monopolio del victimismo es que la mentalidad sionista se caracteriza por ser una mentalidad abolicionista, es decir, que se basa en eliminar al otro a cambio de su autoafirmación.

Esta mentalidad borra toda una población. Presenta a Palestina como “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, es la abolición del pueblo palestino. Y toda la violencia, la limpieza étnica y el desplazamiento asociado a ello es éticamente justificado, incluso es un deber.

Así se establece la idea del «palestino y palestina ausente». Y aunque estén presentes en Palestina, no lo está para los sionistas. Y el desplazamiento y expulsión de su tierra no es más que un proceso normal, en el que la y el palestino no merece la descripción de “víctima”.

Se trata de una cancelación histórica; para los sionistas el pueblo palestino es sólo un acontecimiento pasajero —un error—, sin tener en cuenta su historia arraigada a miles de años.

Por otro lado, y según el relato sionista, un judío que ha estado fuera de Palestina durante casi dos mil años es tratado como si hubiera estado ausente durante unos días. Hay una abolición vinculada a las campañas para judaizar la tierra y el pueblo en la Palestina ocupada, especialmente en Jerusalén, con el objetivo de crear un derecho religioso a los judíos sionistas.

Esta mentalidad es una «mentalidad conflictiva», no puede coexistir con el otro. Combina los complejos de miedo y desconfianza; así establece su hegemonía y amplía el control, por lo que el resultado natural es el conflicto y el derramamiento de sangre.

Mentalidad arrogante

Por otro lado, lo que también refuerza la idea del monopolio del victimismo es que el sionismo buscó instaurar, entre los judíos, el sentimiento colectivo de que son un “pueblo distinto”, el “pueblo elegido de Dios”, el pueblo con derechos absolutos otorgados por Dios. Se trata de una idea arraigada y muy extendida en la comunidad israelí.

Sobre esta base se sustentan docenas de altos rabinos y figuras religiosas —como Abraham Avidan, Ovadia Yosef, Eyal Karim, Mordechai Eliyahu, Shlomo Eliyahu, Ysrael Rosen, entre otros—,  los que llaman al asesinato de civiles palestinos desarmados, con la mayor naturalidad.

Esta figuras relevantes buscan la aplicación del modelo Amalék sobre el pueblo palestino. El Amalék es mencionado en la Torá, en el primer libro de Samuel: “Ahora ve y golpea a Amalék, y destruye completamente todas sus propiedades, y no los perdones, pero matad al hombre y a la mujer, al niño y al infante, al buey y a la oveja, al camello y al asno”.

Este es el modelo que aplican desde hace 75 años y con especial fuerza estos últimos meses.

Sionismo y Nazismo

El peligro radica en la convergencia de la ideología sionista con la ideología nazi, al emplear los intereses propios en el proceso de la toma de decisiones, separados totalmente de los valores y morales humanos.

El nazismo prefirió la raza aria y exterminó a todos los que no tenían utilidad ni beneficio para ellos: mató a los discapacitados, a los enfermos y a los gitanos, y no dudó en exterminar a los judíos.

El sionismo —al igual que el nazismo y los regímenes coloniales— neutralizó los valores humanos; por lo que deshacerse de la población indígena (palestinos y palestinas) se convirtió en un mero procedimiento que no tiene nada que ver con la moralidad, y el buen palestino se convirtió en el palestino muerto.

“Israel” presenta la idea de su propio “derecho a la autodefensa” ya que la lógica y el Derecho Internacional no se lo otorga (así como no le otorgan al asesino el derecho a defenderse, permitiéndole la comisión de otros crímenes). Israel es el ocupante ilegal; el derecho a la autodefensa es para el pueblo bajo ocupación y, por lo tanto, el pueblo palestino es quien tiene derecho a defenderse hasta que se deshaga de la ocupación.

En cuanto a la mentalidad colonial israelí y la mentalidad de “víctima” en el pensamiento sionista, hablan descaradamente de la autodefensa como herramienta para perpetuar la ocupación, la opresión y la injusticia hacia otro pueblo.

¡Una “víctima” brutal y agresiva!

Cuando las fuerzas de ocupación israelíes lanzaron su agresión contra la Franja de Gaza, estuvo acompañada de un torrente de declaraciones de líderes políticos, militares, figuras religiosas y líderes comunitarios; estos legitimaban y justificaban la matanza de civiles palestinos, la masacre, la limpieza étnica y la destrucción masiva, abarcando todo el espectro político de derecha, centro e izquierda.

En las declaraciones podemos incluir las del Ministro de Defensa de “Israel”, Yoav Galant, quien describió a los palestinos como “animales humanos”; y también la invocación, por parte de Netanyahu, de la experiencia de los judíos con los amalecitas, sugiriendo implícitamente el genocidio que refiere la Torá contra los amalecitas o la declaración del Ministro de Educación, Rafi Peretz, de que no existe un pueblo palestino.

Y hay más. Están las palabras del Ministro de Finanzas, Smotrich, sobre la inexistencia de civiles en Gaza; las palabras del Ministro de Agricultura, Avi Dichter, sobre repetir la “Nakba” para los palestinos en Gaza; la declaración del Ministro de Patrimonio, Amichai Eliyahu, sobre la posibilidad de lanzar una bomba nuclear sobre Gaza y la búsqueda de formas más dolorosas que la muerte para los palestinos; y además está el llamado a quemar Gaza por parte de Fatori, miembro de la Knesset Nissim. Estas entre muchas otras.

Porque el Monopolio del victimismo requiere que otros no se conciba víctima y además que nadie se arrepienta de haberlos matado, por eso los políticos israelíes lanzaron una campaña de propaganda llena de mentiras para distorsionar la imagen de la resistencia palestina y así justificar la brutalidad de su agresión contra la Franja de Gaza.

Aprovecharon su influencia mediática global y sus alianzas políticas con las principales potencias occidentales para difundir bulos sobre la intención de matar inocentes, decapitar niños y violar mujeres por parte de la resistencia palestina. Luego la misma prensa israelí demostró que esas informaciones eran falsas, pero ya estaban arraigadas en el imaginario de muchos.

La unanimidad israelí con respecto a la feroz campaña agresiva contra la Franja de Gaza se demuestra con los datos de una encuesta realizada por el Instituto Israelí de la Democracia, unos dos meses después de la agresión; en estos el 75% de los israelíes estaban de acuerdo con continuar el ataque sin ninguna modificación destinada a reducir las víctimas civiles; además, según otra encuesta realizada por la Universidad de Tel Aviv, sólo el 10% creían que la fuerza del fuego utilizada era excesiva.

Esto a pesar de las decenas de miles de mártires y heridos palestinos, la mayoría de ellos niños y mujeres, y de la destrucción masiva de hogares e infraestructuras.

Desafortunadamente los medios de comunicación occidentales contribuyen a perpetuar la imagen estereotipada de la ocupación israelí. Un estudio sobre la cobertura de la agresión contra Gaza, de los principales periódicos estadounidenses, demostró que la mención de una muerte israelí se repite 16 veces por cada muerte palestina.

Un análisis sobre la cobertura mediática de la británica BBC, realizado por los analistas de datos, Dana Najjar y Jan Linava, también mostró una devastadora discrepancia en el uso de expresiones humanitarias, como: madre o marido; las que se utilizan mucho menos para describir a palestinos y palestinas, mientras que expresiones provocativas, como matanza y masacre, se utilizan sólo cuando las víctimas son israelíes.

Para leer más artículos con análisis sobre la cobertura sesgada del genocidio sionista en Palestina

La presencia del pueblo palestino y su resistencia confirman la falsedad de una “tierra sin pueblo”. Está claro que el conocimiento sionista de esa realidad les hace perder la confianza en sí mismos y la legitimidad y moralidad de su existencia. Por lo tanto, las poderosas corrientes sionistas recurren a distorsionar la realidad, tratando de deshacerse de todas y todos los que nos oponemos a sus formas, ignoran a quien expone su monopolio sobre la “única víctima” y descartan al que se interponga en su camino.

El Sionismo se beneficia de su amplia influencia en el mundo occidental y de su capacidad para destruir la reputación de las personas acusándolas de «antisemitismo». Sin embargo, la insistencia de la resistencia, su proyecto de liberación y la exposición de la horrible cara del sionismo y sus prácticas, tarde o temprano, conducirá al fin del proyecto sionista y la ocupación.

Se requiere mucha mayor conciencia en los movimientos de solidaridad con la causa Palestina, una convicción profunda de que esa solidaridad es, a la vez, lucha contra las fuerzas dominantes que mantienen empobrecidos a los pueblos del sur, los latinos, africanos, asiáticos y los millones de voces que van despertando en Europa y en EE.UU.

Esos movimientos deben de convertir su solidaridad en hechos concretos, lucha legal, mediática; no permitirle al sionismo y sus lacayos distorsionar la realidad u intimidar a periodistas, abogados, jueces ni mucho menos venderse para ganar un puesto y sumar fuerza al lobby sionista que está dando sus últimos suspiros.

Más sacrificios, más fidelidad y mucha más fuerza, Palestina Libre y un mundo más justo.

Fuente: Huele a azufre / Muaz Mussa

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